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Las «picardías» de Santos

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VUELVO A INSISTIR: SI EL ENTON- ces candidato Santos nos hubiera dicho que pensaba hacer un gobierno liberal, posiblemente yo hubiera votado por él.

Claro, nunca lo dijo porque hubiera perdido los votos de los ultraderechistas seguidores del expresidente Uribe. Es decir, que con astucia de político engañó a los unos y a los otros. Ya lo decía alguien que la política era el arte de hablar en nombre de Dios con los instrumentos del diablo.

Las “picardías” de Santos se ven en absolutamente todo lo que hace. Por ejemplo, esta semana frente al Partido Liberal volvió a ratificar sus principios liberales, pero apenas salió de allí, a través de su Twitter, dijo que su partido era el de la U. ¡Que sí, pero que no!

Las promesas de Santos en campaña fueron pocas y ahora entiendo las razones: si hubiera hablado de devolución de tierras, reparación de víctimas, de estatuto anticorrupción, de acabar con las entidades corruptas como el DAS y la DNE, de restablecer las relaciones con Chávez y Correa, de no proteger a los corruptos, de no permitir que los congresistas untados de corruptela lo chantajeen, de no consentir más chuzadas, jamás, absolutamente jamás, hubiera sido presidente, pues muy seguramente desde la mismísima ‘Casa de Nari’ le hubieran disparado para detenerlo.

Ni qué decir de los nombramientos en su gabinete. ¿Se imaginan ustedes lo que hubiera hecho el expresidente Uribe de haber sabido que el ministro del Interior sería Germán Vargas Lleras y el de Agricultura Juan Camilo Restrepo, por sólo mencionar unos pocos nombres? La habilidad de Santos para haber llegado a la Presidencia consistió precisamente en que jamás dejó ver sus verdaderas intenciones, se parapetó en un partido espurio como la U para llegar a la Presidencia. Ya entendemos por qué durante su campaña hablaba de las picardías.

Todas estas decisiones de Santos para desmarcarse de Uribe deben tener al expresidente literalmente trinando de la rabia, pues jamás pudo conocer al verdadero Santos (si es que eso es posible). Lo cierto es que el país ha cambiado mucho desde el 7 de agosto del año pasado. Se respira un aire diferente, hay más institucionalidad, las confrontaciones se han limitado a uno que otro insulto en Twitter, las tres ramas del poder público trabajan armónicamente, los medios no se sienten perseguidos. En fin, todo lo que se diga es poco.

Sin embargo, hay un pero: el presidente Santos debe todavía explicarle al país qué pasó con los muchachos que fueron asesinados por el Ejército cuando él fue ministro de Defensa, a cambio de mostrar resultados ficticios y al pago de recompensas. Esos no fueron falsos positivos, fueron crímenes de lesa humanidad y alguien, tarde o temprano, debe responder por eso.

Si el presidente Santos es liberal e inocente, debería crear una comisión de la verdad para que investigue quiénes son los responsables de estos asesinatos, ya que la justicia no quiere hacerlo. Esos crímenes no pueden quedar impunes.

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