Publicidad

Peñalosa vs. Uribe

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

DESDE LUEGO PEÑALOSA NO ES EL candidato ideal para la Alcaldía de Bogotá, pero entre los demás resalta porque parece ser que entiende bastante bien el fenómeno urbano contemporáneo, así sus diagnósticos no sean del agrado de muchísima gente.

Pero, dadas las características de los demás candidatos, con la clara excepción de Carlos Vicente de Roux, si es que finalmente se decide a lanzarse, Peñalosa, digo, la debería tener fácil. Sin embargo, varios obstáculos se erigen en su camino: uno de ellos es su reputación de ser un buen alcalde pero un mal candidato, lo que se ha reflejado en sus derrotas anteriores. Y es un mal candidato porque parece ser una persona que no se entona con algunas de las demandas más sentidas de los habitantes de la ciudad. Es lejano, con un airecillo de superioridad que lo hace arrogante y poco simpático. Y aunque el bogotano no vota por el glamour, sí es claro que la personalidad proyectada tiene un impacto en el elector.

Pero el más serio problema de Peñalosa es el apoyo de Uribe. A pesar de los altos índices de aceptación del expresidente, se podría aventurar la idea de que, si se midiera, con una metodología alternativa, se encontraría que el expresidente también goza de altísimas antipatías. Su enfermizo apego al poder permite pronosticar que su apoyo a Peñalosa no es gratuito, y que de alguna manera buscará imponer en la ciudad sus perspectivas de gobierno. Las frescas investigaciones sobre la elevada corrupción durante su larguísimo mandato, la reconocida incapacidad para aceptar el diálogo y la crítica; su inveterada afición por el insulto y la condena a quienes no comparten sus ideas; y, sobre todo, el uso del Twitter para telegobernar, insultar y excomulgar, todos estos rasgos totalitarios e intolerantes no auguran nada bueno para el candidato Peñalosa.

Habrá que preguntarse si el apoyo a Peñalosa implica que algunos de los más cercanos asesores de Uribe, también aficionados a insultar a través del Twitter, tendrán algún poder o influencia en la eventual administración; o si algunos de sus ministros aspirarán a ocupar cargos. Por ejemplo, en el IDU.

Ahora bien, es claro que tanto Peñalosa como Uribe tienen derecho de expresar sus aspiraciones y simpatías, pero también lo debe ser el que hay un gran culpable de que éstas tengan viabilidad. Me refiero al Polo y a su permisividad para que el anapismo hubiera resucitado y logrado hacerse al poder en la ciudad, con lo que esto ha significado en términos de la destrucción de lo que se había logrado en las administraciones anteriores, y que los bogotanos echamos de menos: la cultura ciudadana, la recuperación del espacio público, la relativa probidad en la contratación, el esfuerzo para hacer de Bogotá una ciudad incluyente, en fin, aquellas conquistas que cambiaron en alto grado el talante de una gran mayoría de la población y que mostraron que en la ciudad puede haber buenas administraciones.

Es difícil que el Polo rectifique, y que en consecuencia las opciones de un alcalde como De Roux sean remotas, con lo que todos perderemos.

Mala suerte la de Bogotá, que tendrá que elegir entre el sida y la hepatitis B.

Conoce más

Temas recomendados:

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido