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El virtuosismo de esta obra aplica la fórmula que el cubismo expone. Desintegrar la perspectiva tradicional; fragmentar las líneas del sabor; darle forma a lo amorfo de los sentidos, pero sin atentar su naturaleza, sin antes permear en lo profundo de su origen y que cada mirada conlleve a una crítica distinta.
Pero esta corriente alternativa del arte, no halló saciedad en el potencial de sus obras, generando un manto de oportunidades para el productor, el gremio de tostaduría del ámbito bogotano, y claro, el curador, aquel cliente con sed de sensaciones nuevas, de reacciones sin ambigüedad y de paladar crítico.
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Sin duda alguna, un nombre debía definir este movimiento con propósito expansionista, y en una clara alegoría a la globalización, su mejor intérprete fue el lenguaje esperanto. Kafo, lo entienden en más de 120 países; nace en una cuna neutral, cuya ambición tocó las puertas del mismísimo Tolstoi para ampliar las fronteras como sinónimo de solución.
Asimismo, hace 16 meses, padre e hijo, decidieron abrir su galería. Obras de Huila, Quindio, Santander, y demás regiones fueron entrando una a una y emigrando conforme la demanda consideraba razonable. Un espacio compuesto por figuras geométricas donde confluyen tostadores, trilladores, productores, baristas y aficionados.
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Desde la madera del whisky besando el filtro de un chemex en una oda a la alquimia, hasta la caída que asemeja una caricia cuando una cucharada de leche se funde en el espresso, ha sido más que un honor servir de juez en su última exposición. Bienvenidos a Kafo Café.