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El nerviosismo por las menores remesas, los bajos precios de las materias primas como el petróleo y el carbón que exporta el país y la fuerte desaceleración de su crecimiento, ponen presión al alza en el tipo de cambio. Sin embargo, el dólar es una moneda con profundas heridas.
EE.UU. difícilmente saldrá de su crisis con un dólar fuerte, ya que ello implica en términos de otras monedas que se vuelva un país “caro”. Una moneda orgullosa no vende y lo que necesita el país del norte es cerrar su enorme déficit comercial con más exportaciones, que a su vez recuperen la gran cantidad de empleos que se han perdido y generen ingreso para frenar la dramática caída del consumo de sus ciudadanos.
De otra parte, lo que mejor le puede pasar a Colombia es que su moneda se deprecie, pues significa estímulo a sus exportaciones, que ya se han visto castigadas por precio y poca demanda externa y al mismo tiempo ello sería una barrera contra las importaciones.
Ahora bien, las señales de la Reserva Federal van en dirección hacia la debilidad del dólar: emite a manos llenas para comprar bonos, papeles comerciales y cualquier instrumento financiero que sirva para recuperar la liquidez quemada por la crisis financiera; presta recursos a casi el 0%; no está preocupado en absoluto por la inflación, dejando claro que el bajo costo de sus recursos se mantendrá por mucho tiempo y además viene el Plan de Rescate de Obama, que sin duda será financiado con emisión. Entonces, ¿para dónde va el dólar?