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De codiciosos azuzados por aviones

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EN RECIENTE COLUMNA ESCRIBImos: «Hace varios meses el exvicepresidente Francisco Santos denunció un cartel de abogados pícaros especializados en desfalcar al Estado con motivo de los pagos por la reparación a las víctimas de la violencia…

EN RECIENTE COLUMNA ESCRIBImos: “Hace varios meses el exvicepresidente Francisco Santos denunció un cartel de abogados pícaros especializados en desfalcar al Estado con motivo de los pagos por la reparación a las víctimas de la violencia. Para Santos, estos abogados ‘son buitres que se nutren de la carroña de la violencia’. Los carteles de sanguijuelas —que en el pasado han logrado multimillonarios fallos en contra del Estado— seguirán mañana cosechando éxitos si no se les pone inmediata cortapisa. Los colombianos tenemos que tener claridad en que no hay ni va a haber recursos suficientes para colmar la codicia de estos sinvergüenzas”. El Tiempo, en su edición del 8 de marzo, informa que los liberados se inician reclamando $30.000 millones de pesos. ¿Dónde va a parar su avidez?, nadie sabe.


Pero las pretensiones pecuniarias de los liberados son una bicoca al lado de aquellas de 200.000 codiciosos que perdieron su dinero en pirámides como la de don Murcia. (No todos los damnificados por las pirámides son codiciosos; y obviamente no todos los codiciosos son damnificados de las pirámides). Liderados en buena parte por unos carteles de abogados sanguijuelas especializados en esquilmar al erario (letrados igualmente codiciosos y bastante más aviones), los 200.000 avaros pretenden que los contribuyentes les reconozcamos 15 veces el dinero que perdieron en las pirámides. Aceptando la existencia de unos pocos inocentes (por ignorancia o por ingenuidad), la inmensa mayoría de los inversionistas en dichas pirámides eran totalmente conscientes de que empresas que dieran rendimientos sustancialmente por encima de la tasa de usura necesariamente eran pirámides, captadoras ilegales o lavanderías. La prueba reina de que dichos inversionistas tenían conocimiento pleno de la ilegalidad de su inversión es que prácticamente ninguno declaró ante la DIAN ni la inversión original ni mucho menos los rendimientos obtenidos. Entonces, que hoy los codiciosos (azuzados y manipulados por los leguleyos aviones) exijan que el Estado les devuelva 15 veces lo que perdieron en sus temerarias inversiones es el mayor caso de cinismo colectivo en la historia económica universal. En plata blanca, lo que estos avariciosos reclaman son 45 billones de pesos, la mitad de la suma que el Estado recauda en impuestos. De prosperar las peregrinas aspiraciones de este contubernio, cinco de cada diez pesos de todo impuesto que paguemos los contribuyentes van a parar al bolsillo de los sinvergüenzas y de sus abogados.


Decía el genial pintor y dramaturgo español Santiago Ruisiñol que el juego es altamente moral porque arruina a los imbéciles. Los damnificados por las pirámides se deben dar por bien servidos: que el perjuicio sea una lección que les sirva en un futuro para morigerar su avaricia. El que pretendan que los contribuyentes les compensemos (multiplicado por un factor de 15) sus pérdidas, es un exabrupto.


Lo que tampoco tiene presentación es el argumento de muchos juristas (entre ellos un exmagistrado de la Corte Constitucional) de que la culpa es del Estado. Dentro de poco podremos ver largas filas de cornudos reclamándole al Estado compensación por sus infortunios conyugales.


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Apostilla: Dentro de los anales de la imbecilidad quedará grabada la decisión de una serie de intelectuales argentinos (entre ellos el director de la Biblioteca Nacional) que pretendiendo censurar a Mario Vargas Llosa en la próxima Feria del Libro de Buenos Aires, lo que en realidad han logrado es que el mundo va a estar pendiente del discurso del peruano. Vargas Llosa, quien en un principio pensaba hacer un discurso literario, ahora va a poner en ridículo a los payasos que siguen creyendo que la censura es la manera de acallar a aquellos que no piensan como ellos. ¡Lección merecida!

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