La teoría del color

Bajo las caricias del viento sabanero, el sol dibujando sobre los cerros orientales, y un acogedor container con el matiz del campo, se fusiona en un cálido tono el café especial con el ocaso de la capital.

Más de 10.000 caficultores hacen parte de los programas de Café Cultor. La cultura del café, la sostenibilidad y la calidad del producto son los pilares del gremio. / Cortesía Café Cultor
Más de 10.000 caficultores hacen parte de los programas de Café Cultor. La cultura del café, la sostenibilidad y la calidad del producto son los pilares del gremio. / Cortesía Café Cultor

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Un sorbo con sabor a mandarina, un ápice de cacao al enfriarse, el paladar humectado con el néctar de una almendra; sí, estoy hablando de la misma taza de café.

En una época donde una experiencia se vende por ‘social media’, nuestras raíces parten de norte a sur, y de oriente a occidente del país, para desembocar en un zaguán de sabores, previo al ingreso a la puerta principal de nuestro producto de exportación.

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El azul que hay en la mente cuando un café castillo de Nariño roza las encías, abraza el paladar en un toque floral, o el verde vivo que salió de la tolva y penetró profundamente el olfato al atravesar el molino, mientras se calibra el espresso del día.

Simplemente, un espacio para sentir el país en las manos, para trasladar a las papilas gustativas a un espacio bohemio, maridado por Jazz, y un recurso humano dispuesto a explicar cada proceso.

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