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Cada mañana al despertar hago absolutamente todo lo que está a mi mano para que mi trabajo vocacional y voluntario para cambiar las cosas no pierda sentido y muera mi voluntad, hago todo por mantener el pensamiento de que sí podemos hacer un país mejor. No sólo como feminista consumada sino como ciudadana activista por los derechos hace ya hace 22 años de mi vida ¿Cómo no sentir desesperanza cuando los titulares de prensa te hacen darte de bruces contra la cruda realidad?
Al finalizar el 2018, estuve con una gran sensación de impotencia, realizamos el informe final interno de Feminismo Artesanal sobre los casos de violencia hacia nosotras, atendidos directamente por el equipo durante el transcurso del año. Fue un desalentador panorama. Decidimos no hacer alarde de una estadística más, porque sabemos que las mujeres somos muchísimo más que números fríos ya naturalizados por la sociedad debido a la desgracia de estar en un mundo con pandemia de feminicidios.
El grupo interdisciplinario tiene como objetivo fundamental ser pensamiento llevado a la acción. En la mesa oficial de trabajo somos cinco personas y contamos con 20 profesionales aliados desde la distancia.
En medio de semejante despropósito como lo es una sociedad con violencias de género en este siglo, dándoles el protagonismo a los actos concretos antes que a los discursos políticamente correctos o conmovedores, que al final no dejan de ser atendidos por espectadores de una novela más en esta patria boba, Olga Lucía Molano Ardila, licenciada del Distrito y antropóloga tesista, exvíctima de violencia sexual en la infancia, hoy abanderada del feminismo en su vida desde esta mesa de trabajo, asume el reto de ser la encargada de trabajar con las menores el tema de prevención, para que ellas, a tiempo, detecten a un depredador sexual en medio de su inocencia y desinformación en el tema y agregado a esto hace su contribución a las niñas y mujeres para que renazcan de entre sus propias cenizas y coordina el programa “Mujer ave Fénix”.
Raúl Fernando Díaz Ochoa, asesor en técnicas de comunicación asertiva, cuenta con formación en materia de género. Díaz es magíster en Comunicación. Su apuesta es el lenguaje como herramienta para desarticular la violencia de género. Está convencido de que las personas debemos dominar el lenguaje no verbal, el lenguaje consiente y el leguaje social de modo tal que podamos entender los mensajes que nos envían depredadores sexuales o psicológicos y por eso dedica su tiempo a la formación en comunicación “a la altura de las necesidades y circunstancias”. Piensa que con el lenguaje asertivo lograremos prevenir que las personas con cierto sentido diferencial en esta sociedad de sexismo, entiendan como prevenir, o denunciar un caso puntual
A este proceso se suma Carolina Ruget, fonoaudióloga y coach ontológica, con conocimientos en herramientas para el “buen vivir», quien complementa efectivamente las enseñanzas de Díaz. Y desde ahí la politóloga con maestría en Relaciones Internacionales y Gestión Pública María Paula Ávila González, feminista y experta en género.
Para cumplir con las exigencias técnicas en cuanto paradigmas y lineamientos estructurales en la actual Colombia, junto con la abogada Anyer Lorena Mosquera Sánchez, se capacita a las mujeres en el conocimiento de las leyes y las formas políticas para hacer valer sus derechos y hacen asesorías jurídicas.
Agregado a esto, la reconocida modelo talla grande Paula Andrea Salazar aporta desde su campaña “Me acepto, me cuido y me quiero”, un compartir de saberes a las niñas y mujeres para reafirmar este largo proceso de empoderamiento desde el amor propio.
En la resistencia en contra de todas las injusticias sociales en el país que me tocó, paso mis días preguntándome qué debemos hacer en esta vida para ver a las nuevas generaciones vivir la desesperanza que sentimos al leer informes de la ONU que dictan que falta más de un siglo para que hombres y mujeres vivamos sin violencia de género, sexismo y políticas inhumanas que no resuelven la problemática.
Lo hago por supervivencia, empatía y como acto de resiliencia, pero, sobre todo, para vivir con la dignidad de no derrotarme ante esta terrible situación y con ellas, por ellas, por las otras y con nosotras, estar fuertes. Reivindicar a toda mujer como yo, “sin clase», “sin educación” y sin agencia familiar ni social, es lo más importante para mí, porque a mi criterio son las mujeres que menos oportunidad de sobrevivir al sistema tendrán. No obstante, gracias a toda esta gente maravillosa que hoy está entregándose a este ideal, puedo decir que reivindicamos todas las formas de ser mujer.
Sé que debo mantener tranquila a La Fiera que llevo dentro y que salga sólo en defensa de lo justo, y ser una mujer serena que comparte su vida para sembrar el cambio y esto no lo podría hacer sin el apoyo de cada persona que fortalece esta causa. Iniciamos compartir de saberes al alcance de todas las mujeres cada 15 días en la casa de estilo del periodista Sergio Barbosa y su socio de vida el empresario Nicolás Martínez.
Tengo solo gratitud por los nuevos hombres que me han permitido darle resonancia a este activismo vivo. Gracias al señor Fidel Cano por este espacio que permite que decenas de mujeres se enteren de que no están solas y que ser mujer es cuestión de método. El Espectador me ha demostrado ser un diario incluyente sin clasismo y con profundo interés social y esta reseña tenía que ser el motivo para agradecerlo y resaltarlo. La voz de mujeres ninguneadas representada por este feminismo con el eco de esta plataforma salvavidas. Gracias a esta columna he podido darles luz a decenas de mujeres que siendo minoría se sienten reconocidas en estas letras.
Dejo mi correo para quienes quieran participar de estos encuentros sin ánimo de lucro: feminismoartesanal@gmail.com
* Ideóloga, Feminismo Artesanal