Dos cartas de Ángel Rama que vaticinaron el éxito de Gabo y Cepeda Samudio

Son del ensayista uruguayo, famoso por anticipar el impacto de «Cien años de soledad», y se conocen ahora cuando el archivo de Cepeda fue vendido a la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República.

Álvaro Cepeda Samudio y Gabriel García Márquez, escritores del Grupo de Barranquilla e íntimos amigos. / Archivo
Álvaro Cepeda Samudio y Gabriel García Márquez, escritores del Grupo de Barranquilla e íntimos amigos. / Archivo

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En 1964 el ensayista uruguayo Ángel Rama, director de la sección literaria del Semanario Marcha de Montevideo, publicó el texto “Los soldados”, del escritor barranquillero Álvaro Cepeda Samudio, quien se había dado a conocer  a los 28 años, en Colombia y América Latina, con su primer libro de cuentos, Todos estábamos a la espera, publicado en 1954, el mismo año en que se casó con Teresa Manotas, “Tita”, como él la llamaba.

Es justo gracias a Tita Cepeda, depositaria de la memoria, la obra y los papeles del “Cabellón”, como ella le dice, que ahora podemos leer las dos cartas que Angel Rama envió a Cepeda Samudio, expresándole su admiración y solicitándole más “obras maestras” para publicarlas. Este archivo fue vendido ahora a la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República.

Fue también Tita Cepeda quien me suministró una copia de Lecturas Dominicales (El Tiempo, 4 de mayo de 1969), en la que Rama y Cepeda responden a las preguntas de un reportero muy bien informado sobre el gran momento que estaba viviendo la literatura de nuestro continente, con las obras de García Márquez, Cortázar, Onetti, Carpentier, Cabrera Infante, Vargas Llosa, Carlos Fuentes… Según ella las preguntas las formulaba José Stevenson, escritor nacido en Santa Marta en 1932, y sobre quien el escritor monteriano José Luis Garcés ha escrito un hermoso perfil archivado ahora en el ciberespacio. (Lea las cartas inéditas entre García Márquez y Guiillermo Cano).

En la primera carta, escrita en un papel con membrete del Hotel Continental  (Bogotá – Avenida Jiménez No  4-16), Ángel Rama le cuenta que en 1964 publicó el primer capítulo de La Casa Grande, el célebre diálogo de los soldados que van a reprimir a los huelguistas de las bananeras. También, como verán, le pide que le deje publicar en la editorial Arca este libro, aduciendo que ya ha editado autores como García Márquez (La hojarasca) y Alejo Carpentier  (El reino de este mundo). (Video: Así restauraron primeros cuentos de Gabo).

Así dice este primer documento:

Bogotá, 20 de octubre de 1966

Estimado Álvaro Cepeda:

Lamentablemente cuando llegué Juan (García Ponce) se había ido a Barranquilla; hubiera sido una oportunidad de irme con él, conocerlo personalmente, tomarnos unas copas tropicales. Es por Gabo y por Germán Vargas que lo conozco de lejos y hace tiempo, soy lector entusiasta de La Casa Grande, y buscador –fracasado– de otras cosas suyas. Hace dos años, al preparar para nuestro semanario MARCHA de Montevideo, una antología de la literatura hispanoamericana del medio siglo, sin consultarlo y a sabiendas utilicé el fragmento inicial de la novela, tal como había aparecido en MITO, dándolo por cuento. Recién ahora conseguí su dirección así que prometo buscar el material y mandárselo.

Es posible que luego de una escapada a Caracas y Puerto Rico, vuelva dentro de quince días por aquí: quizás pudiéramos vernos. Le adelanto de la larga serie, algunos pedidos:

¿Cómo conseguir el oculto primer libro de cuentos? Me gustaría escribir sobre Ud. para un libro sobre la literatura actual en que ando metido y contra el cual estoy luchando. Me gustaría conocer las primeras cosas.

Sé que tiene varios cuentos nuevos. Quisiera alguno para Marcha. ¿Es posible?

Dirijo en una editorial montevideana (ARCA) una colección de Nueva Literatura Latinoamericana, donde ya republiqué La hojarasca de Gabo, el primer Carpentier, El reino de este mundo, junto a cosas nuevas. Me gustaría incluir La Casa Grande. ¿Me autorizaría? ¿Puede usarse el texto de la edición de Mito, o tiene correcciones que hacerle?

Son nada más que tres de la larga serie de preguntas. Como para no ver al cargoso, claro. Reciba un muy cordial saludo de su admirador y amigo,

Ángel Rama

Le agradecería respuesta a Marta Traba, aquí en Bogotá, ya que seguramente la veré a mi vuelta. Si no a Montevideo: Marcha, Rincón 577, o mi dirección en la Universidad, Cerrito 73, Facultad de Humanidades, Montevideo.

Gracias a esta postdata nos enteramos de los lazos entre la escritora argentina Marta Traba, residente en Bogotá, y el ensayista uruguayo.

La segunda carta de Rama

Pasan tres años y el tono de la segunda carta de Ángel Rama a Cepeda Samudio es ahora amistoso. Se la envía desde Montevideo el 31 de mayo de 1969, pocas semanas después de haber estado en Bogotá, donde los dos contestaron a la entrevista ya citada de Lecturas Dominicales de El Tiempo. Se refiere en esta misiva a los problemas que ha tenido Marta Traba, profesora de la Universidad Nacional, con el gobierno de Carlos Lleras Restrepo.

Rama habla elogiosamente de Los cuentos de Juana, en ese entonces en proceso de creación. Este libro solo sería publicado en 1972, año de la muerte de Cepeda Samudio. La carta posee membrete de la editorial Arca (Colonia 1263 Montevideo, Uruguay).

Montevideo, 31 de mayo de 1969

Querido Álvaro:

Pero qué carajo pasa que no me llegan los otros cuentos de Juana? Ya tengo medio compuesto el libro y estoy reteniendo el envío de los cinco cuentos que tengo en el suplemento a la espera del resto del material. Hasta hice ya la nota previa sobre los costeños y su proyectada invasión de la literatura colombiana y otras cositas.

Urgente te pido me mandes el material (es muy curioso, porque es más divertido que el resto de los cuentos, con un contar rápido y escurridizo que me produce una alegría que debe ser costeña, pero sabe Dios qué es eso) de ese material y de la salida del libro depende la posibilidad de mi viaje a Barranquilla y sus burdeles más famosos. De paso la única posibilidad de visitar a la Marta (Traba) que me dice le han decretado el país como cárcel: algo grande, a decir verdad, pero por algo se empieza.

Si no seguís con las cervecerías y esas pendejadas en las cuales todavía creés, mándame más obras maestras. A consecuencia del reportaje a cuatro manos (?) que hicimos he recibido las cartas más disparatadas que imaginarse pueda: un señor llamado Stevenson trata de llorar sobre mi hombro las acechanzas de la CIA (que como sabés es la versión modernizada del demonio medieval), señora a la que no recuerdo que ni vos ni yo nos hayamos violado.

Un abrazo de

Ángel

(Mandé a hacer papel azul en homenaje a Asunción Silva)

* Fue corresponsal de El Espectador en París. Es cuentista y novelista

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