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El padrino de Jamaica

La isla completa cuatro días de muertes, capturas y tiroteos.

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Desde el lunes, el distrito jamaiquino de Tivoli Gardens parece un pueblo sitiado. Carros en llamas y alambres de púas esparcidos por las calles, barricadas improvisadas y tiroteos esporádicos. Las autoridades de la isla van tras el narcotraficante más célebre de su territorio y los pobladores, unidos al pie de fuerza criminal del capo, tratan de contener el avance de los agentes para evitar su extradición a los Estados Unidos.

El paradero de Cristopher Dudus Coke aún es desconocido, pero la Policía y el ejército lo buscan de puerta en puerta. La operación ya ha dejado un número considerable de muertos: al menos 35 civiles, dos policías, un soldado y más de diez jóvenes gatilleros. Como un gran padrino, Dudus se dedicó a ganar el apoyo de su vecindario, invirtiendo parte de sus ganancias entre la comunidad y obsequiando los servicios que el Estado no podía ofrecer. Ahora es el tiempo en el que los beneficiarios comienzan a retribuir los favores recibidos y a enfrentar a la autoridad para protegerlo.

Coke, de 42 años, es el personaje más buscado de Jamaica y “uno de los líderes narcotraficantes más peligrosos del mundo”, según el departamento de Justicia de Estados Unidos. Lo acusan de ser el cerebro de una red que trafica con cocaína, marihuana y armas en Nueva York, un asiduo actor del delito. Desde su juventud estuvo más cerca de la violencia que de las leyes. Es hijo de Lester Lloyd Coke, el capo que en la década de los 80 libró una sangrienta batalla con sus adversarios por el control del tráfico de drogas que de la isla iba a Norteamérica.

Desde entonces a los Coke se les identificó como jefes de la llamada Shower Posse, una banda que se caracterizaba por aniquilar a sus adversarios con una lluvia interminable de metralla. La guerra dejó cientos de cadáveres con cientos de orificios de bala.

En agosto de 2009, a Kingston, la capital jamaiquina, llegó una solicitud de extradición proveniente de Washington. El primer ministro, Bruce Golding, negó la petición en un principio argumentando que las acusaciones que se tejían en torno de Coke habían nacido de la interceptación ilegal de teléfonos desde Estados Unidos a Jamaica. Sin embargo, no pasó mucho tiempo antes de que se gestaran las sospechas sobre la influencia del narcotraficante en el gobierno.

Se dijo que el dinero sucio de Dudus había penetrado en el poder y que funcionarios oficiales y de la oposición recibían dádivas provenientes del crimen. Incluso, el mismo Golding se vio implicado cuando se supo que su victoria electoral le debía una gran cantidad de votos a la región que Coke controlaba y que una vez se inició su administración, varios contratos públicos fueron adjudicados a las empresas fachada que el traficante utilizaba para lavar dinero.

La presión del gobierno estadounidense, que insinuaba tolerancia a favor del crimen, terminó por arrinconar a Golding, quien no tuvo una salida diferente a la de hacer efectiva la petición de extradición y ordenar la captura, quizá sin imaginar lo arraigada que estaba la imagen bondadosa de Dudus dentro de la población.

La operación, además de las muertes, ha dejado a más de 500 detenidos y pocos indicios, al tiempo que se especula que Cristopher Coke abandonó el país. No obstante, las labores de búsqueda se mantienen. Ayer, el portavoz del Departamento de Estado de EE.UU., Philip Crowley, solicitó a Washington “ayuda menor” (chalecos antibalas) para hacer frente a los disturbios. La gente sigue fiel a su padrino.

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