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Durante la pasada ronda electoral estadounidense, los contrincantes de Barak Obama criticaron su falta de experiencia en el difícil arte de gobernar. El entonces candidato demócrata respondió, sin embargo, que su preparación académica y su paso por el Congreso constituían una experiencia razonable para tomar las riendas de la principal potencia mundial, tanto de cara a los complejos retos internos como externos.
Pero aunque no se discuta que gobernar no se enseña sino que se aprende sobre la marcha, es cada vez más claro que la formación en gobierno y política pública son tareas urgentes para los centros del saber y para quienes dirigen o piensan dirigir los destinos de una nación.
Esto es, por lo menos, lo que piensa Carlos Caballero Argáez, actual director de la Escuela de Gobierno Alberto Lleras Camargo, de la Universidad de los Andes.
Con dos años de actividades sobre sus hombros, Caballero y su equipo han introducido distintos programas, dirigidos a estudiantes y graduados de otras carreras, aspirantes a obtener una maestría en gobierno o funcionarios estatales y empresarios nacionales en posiciones de influencia.
El denominador común de los distintos cursos es desarrollar la habilidad de mirar y discutir a fondo los grandes temas nacionales para poder formular soluciones desde el conocimiento. Entre los principales tópicos figuran educación, salud, pobreza, infraestructura, conflicto armado, montaje y desarrollo de políticas sectoriales, y, por encima de todo, apropiación de una cultura de liderazgo para encontrar respuestas.
“En este sentido, nuestro objetivo es contribuir a mejorar la formación de quienes dirigen o van a dirigir, aportándoles herramientas para enfrentar mejor su responsabilidad de gobierno o de empresa”, dice Caballero.
Las dos primeras promociones han contado con la asistencia de ministros, viceministros, senadores, representantes a la Cámara, concejales, magistrados, altos oficiales de las Fuerzas Armadas y presidentes de distintas compañías.
Dueño de una formación académica de gran calado, Caballero llegó puntual a nuestra cita en el restaurante Oyster —que funciona en una antigua casa propiedad de su familia— y comenzó por decir que quizás el mayor reto de la escuela es aprender a enseñar las artes del liderazgo, “algo que en Colombia aún desconocemos”.
En diez sesiones anuales, distribuidas en talleres, clases magistrales y discusiones en grupo, se logra obtener una visión calificada de los retos y problemas del entorno. Los profesores y conferencistas provienen de varias facultades de la Universidad de los Andes y de otras entidades educativas, lo mismo que de organismos y centros de enseñanza extranjeros. “El objetivo es contar con expertos de primera línea para cada tema”.
En un futuro, la meta es especializar las maestrías en temas como gestión pública, política pública y regulaciones, entre otros. También se proyecta llevar una versión del curso a otras regiones colombianas, y desarrollar programas de consultoría y asesoría.
Más que enseñar a gobernar, dice Caballero, el propósito es dotar de mejores elementos de juicio a quienes gobiernan para que enfrenten sus distintos desafíos de manera satisfactoria.