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Un Savonarola en acción

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CON EL MISMO FUNDAMENTALIS-mo y la convicción de un cruzado con que el procurador Alejandro Ordóñez enfrenta la libertad individual frente al aborto o la legalización de las uniones homosexuales, o el fervor con que asiste a los rituales eclesiásticos lefebvristas, ha enfrentado a fondo la corrupción en la contratación en el Distrito, conocido mediáticamente como el cartel de la contratación.

No comparto su estilo ni mucho menos sus posturas oscurantistas frente a las libertades individuales o la diversidad que de hecho existe y que debe no sólo respetarse sino posibilitar su expresión en cualquier sociedad. Sin embargo, las tres horas de argumentación jurídica, y de lecciones sancionatorias frente a la “bomba atómica contra la moral pública”, en el proceso verbal transmitido en directo contra el contralor Miguel Ángel Moralesrussi y el ex representante Germán Olano, en la que los acusó por delito de concusión y la falta disciplinaria de incremento patrimonial no justificado, que calificó como gravísimos, son de aplaudir. Actuó como todo un procurador defendiendo los intereses colectivos frente a la codicia individual, unos valores vapuleados por el pragmatismo machiavelista legitimado como mecanismo para lograr mayorías y tramitar decisiones que hizo tanta carrera en el gobierno anterior.


En una presentación articulada, soportada con pruebas, muchas aportadas por Gustavo Petro y Carlos Vicente de Roux, en su debate en el Polo contra el alcalde Samuel Moreno, sumadas a las de los concejales Sanguino y Galán en sus debates de control político en el cabildo bogotano, Ordóñez demostró la manera como a través de coimas y prebendas se manipulan las decisiones para otorgar contratos de obras a través de un entretejido de uniones temporales y subcontratistas. ¡Y da vergüenza! porque aparentemente la práctica sigue vigente en el Distrito y son muchos los contratos que aún están por otorgarse, como el de la recolección de basuras programado para mayo y que ya tiene a las voraces empresas de infraestructura en acción.


El procurador fue especialmente drástico con Miguel Ángel Moralesrussi, al que destituyó y le aplicó el máximo castigo de 20 años de inhabilidad para ejercer cargos públicos. Precisamente por su condición de cabeza de un ente de control que obliga un comportamiento ejemplarizante como veedor de los recursos públicos. En una clara alusión bíblica, de las que utiliza con frecuencia, sentenció: cuando la sal se corrompe… no queda nada.


Como todo un Savonarola sancionador, actuó con la fuerza de los iluminados, en una línea de trabajo que de continuarla con igual vehemencia va a lograr develar< el entrelazamiento perverso entre el sector público y el privado para obtener prebendas personales a costa del bien público, tristemente generalizado en todo el país. Por primera vez los nombres de intermediarios como Julio Gómez o reconocidos abogados como Álvaro Dávila, dejaron de sonar como rumor para tomar forma y forzados a tener que responder ante los estrados judiciales. Así como los jóvenes Nule, quienes en su astuto juego, motivados por la venganza personal aportaron pruebas testimoniales que contribuyeron a destapar el fatídico engranaje que finalmente los terminará enredando tanto a ellos como al alcalde Moreno y a su hermano, que de ésta no se salvarán. Sus expedientes crecen y las pruebas se multiplican.

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