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Libia y el precio petrolero

Luis E. Giusti L.
27 de febrero de 2011 – 10:00 p. m.

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El petróleo continuará subiendo y podría dispararse si llegaran a complicarse los disturbios.

Apenas se despejaron las preocupaciones sobre un posible cierre del Canal de Suez y del oleoducto Sumed después de calmarse la rebelión en Egipto, cuando empiezan a verse los efectos de un contagio que está afectando a Libia (principalmente), Argelia, Bahréin, Yemen, Irán y Jordania. Allí están ocurriendo manifestaciones en contra de sus respectivos gobiernos.


El Canal y el oleoducto Sumed juntos conforman una importante ruta de suministro de unos 2 millones de barriles por día (B/D) de petróleo hacia Europa. El mencionado contagio ha resucitado temores de interrupciones en el suministro y de precios petroleros más altos. Durante el pasado fin de semana, fuerzas militares de Bahréin cedieron el espacio de Pearl Square a los manifestantes para evitar mayores confrontaciones y derramamiento de sangre, y poder comenzar un diálogo con la oposición.


En Libia, mientras las protestas se han extendido de Bengasi a Trípoli, el coronel Gadafi, en actitud desafiante, ha intentado reprimir a las multitudes utilizando helicópteros y aviones militares para disparar contra los manifestantes, lo cual ha provocado renuncias de muchos oficiales y diplomáticos de su gobierno y ha desatado una ola de demandas de que renuncie a la presidencia. En Yemen, los intentos del presidente Ali Abdullah Saleh de apaciguar a los manifestantes prometiendo concesiones, incluyendo no aspirar a la reelección, no han calmado las protestas. Hace unos días surcaron el Canal de Suez barcos de la fuerza naval de Irán, en camino a maniobras militares frente a las costas de Siria.


En conjunto esos países representan un 10% de la producción global de petróleo y cerca de un 10% de la capacidad global de refinación. Pero más importante es que colindan con otros productores, incluyendo Arabia Saudita, Irak y Kuwait; alojan bases militares estadounidenses y están cerca del Canal de Suez y el Estrecho de Ormuz, arterias fundamentales del tráfico global de petróleo. Entre el Medio Oriente y África del norte suman una tercera parte del suministro mundial.


Aunque hasta ahora las protestas no han afectado significativamente la producción, el malestar sostenido en la región está comenzando a tener un impacto. Varias empresas petroleras han comenzado a sacar al personal no-esencial, las huelgas amenazan con forzar cierres de instalaciones de operación y se ha reportado al menos un anuncio reciente de force majeure sobre las exportaciones.


En consecuencia, las percepciones de riesgo político y los precios petroleros han ido en franco aumento. Los precios han saltado hasta US$110/barril, también debido al frío y a un aumento de la demanda de destilados en Europa. La situación ha convertido el crudo Brent en favorito. Pero no cabe duda de que la mayor parte del “premium” del Brent proviene de la continuación y ampliación de las protestas. Sin embargo, los fundamentos del mercado son sólidos.


Tanto la capacidad de producción cerrada como la capacidad de refinación disponible y los robustos inventarios son más que adecuados para compensar cualquier interrupción en la zona. Pero un factor de especulación, confusión e incertidumbre es la inmensa distorsión que presenta el crudo marcador WTI, el cual ha llegado a cotizarse hasta US$18/barril por debajo del crudo Brent.


Esto no es nuevo y tiene que ver con la limitada capacidad de almacenamiento en Cushing, Oklahoma, donde se recoge ese crudo para ser enviado al mercado. El precio del WTI está deprimido por el aumento del suministro de crudo canadiense a Chicago, lo cual obliga a desviar crudo WTI hacia el sur. Para el momento de escribir esta nota ya se estaba cerrando esa brecha artificiosa


¿Qué anticipar? Los precios continuarán altos (en el orden de US$100/barril) y podrían dispararse si llegaran a complicarse los disturbios, aunque no hay razones estructurales para que los precios continúen subiendo. Si no ocurriera ninguna interrupción grande, en especial si se presentara en Libia una salida parecida a la de Egipto, los precios tenderían a moderarse bajando hasta llegar probablemente a US$80/barril para finales de año.


Pero pudiera ser necesario que la OPEP (o específicamente Arabia Saudita) eleve la producción dando una señal concreta para calmar al mercado, cosa que no parece estar clara, tal como se desprende de recientes declaraciones del ministro saudita Alí Naimi al decir: “El problema no es de suministro, sino de especulación”. Veremos.


 * lgiusti@csis.org

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