Publicidad

Sobre un producto novísimo, el individuo

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

UNO DE LOS SUCESOS MÁS SIGNIFICAtivos en la historia es la aparición del individuo. Uno cree que el individuo existió siempre pero en realidad es una invención reciente. Y tan importante, que muchos historiadores ya no ponen el comienzo de la modernidad en el Renacimiento sino en el periodo comprendido entre 1050 y 1250, que es cuando aparece este fenómeno psicológico.

Por raro que parezca, antes de 1050 no había individuos. Había tribus, engranajes sociales o religiosos, “rebaños”; los artistas eran amanuenses de las musas y los héroes fichas de los dioses. No había méritos personales ni culpas verdaderas. El mundo era fatal. Edipo es inocente. Homero es un megáfono. “Canta, oh musa, la cólera del pélida Aquiles”.


Quizá la primera causa del desarrollo de la individualidad fue religiosa. Ocurrió en el siglo XI, cuando la Iglesia decretó que la fe era la primera virtud teologal, es decir, el fundamento de la vida espiritual del creyente. Y como la fe es absolutamente personal, se estableció una relación directa del creyente con Dios, nació una espiritualidad privada que escapaba al control de obispos y sacerdotes, que podía eludir la ortodoxia y hasta incurrir en la herejía.


Empieza también en ese siglo la “revolución del amor”. La mujer es idealizada, inspira castillos y madrigales, aparece el “amor cortés”, el cruzado lleva un mechón en el relicario o un pañuelo bajo la armadura, los cantares de gesta se mezclan con las trovas románticas, florece una literatura galante superior a la de Roma y aparecen cintas en los trajes de los hombres y encajes en los vestidos de las mujeres del pueblo.


Se retoma el arte del retrato, desaparecido desde el siglo II d.C., proliferan los epistolarios y las biografías, un género casi desconocido en el mundo antiguo, y las iglesias empiezan a llamarse “Nuestra Señora” en homenaje a la Virgen María, una deidad que los cruzados descubren en Bizancio.


Aunque no esté relacionado con el tema, recordemos que fue entonces cuando Roberto Grosseteste (1186-1253), traductor de Oxford y obispo de Lincoln, inventó el método experimental, como lo reconoce Roger Bacon en su Compendium studii. Es verdad que ya habían hecho experimentos los empiristas de Alejandría, los chinos de la dinastía Han y al-Rhazid en la Bagdad del siglo IX, pero los hicieron sin claridad conceptual y sin un desarrollo sistémico (el único precursor válido de Grosseteste es Arquímedes de Siracusa, que hizo física con rigor geométrico. Pero no tuvo continuadores porque los griegos no experimentaban. Para ellos el conocimiento era una cosa mental. Arquímedes no tuvo, como Grosseteste, un Renacimiento que produjera y ordenara un volumen alto de conocimientos, ni un Francis Bacon que forjara la llave, el método científico).


En 1200 el mundo todavía es feudal. Unos rezan, otros pelean y otros trabajan. Pero ya se está incubando el espíritu de las naciones y el germen del mercantilismo. Como hay moneda circulante, se erigen catedrales, plegarias de piedra y cristal, los pintores firman sus cuadros y los venden. También se firman los poemas y hasta los sermones. Las obras ya no son de las musas. Dentro de poco el individuo alcanzará su apogeo. En el Renacimiento podrá ser “genio”.


De la suma de la escuela catedralicia y el taller del artesano nace la universidad. Dios vacila, el hombre avanza.


El Medioevo, pues, no es tan oscuro como se dice. Es, para no estirarme, la partera del Renacimiento porque en la Baja Edad Media empezaron a tomar forma tres vectores claves de la modernidad: el individuo, la estética y el capital.


La individualidad, producto tardío de la conciencia, estadio previo del genio, acicate del crecimiento… También, ay, de los virus del egoísmo, la vanidad y la ambición.

Conoce más

Temas recomendados:

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido