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Tarazá sin volumen

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NO SABEMOS MUCHO SOBRE LO SUCEdido el pasado mes de enero en la cabecera municipal de Anorí, Antioquia.

En la información disponible hay vacíos. Incluso contradicciones. Se movilizan 5.000 campesinos y hacen exigencias al Estado por orden explícita de las Farc, dicen algunos medios. No son manifestantes sino desplazados, afirman otros. Pasan los días, los “labriegos retornan”, y el ministro de Defensa solventa la confusión confirmando que no se trató de una movilización, sino de un desplazamiento. El cabecilla de las Farc, presunto responsable del masivo desplazamiento, se entrega a las autoridades. El capítulo se cierra.


O se abre, mejor, ante tanta neblina. Porque el cubrimiento periodístico rebota todas las versiones oficiales posibles. Desfilan ministros, policías, secretarios y funcionarios pero es poco lo que se filtra del otro lado. ¿Por qué, si se trataba de “títeres de las Farc”, el Gobierno se sentó a negociar con ellos? ¿Se trataba sólo de campesinos o había mineros? ¿Cuáles fueron las promesas del Gobierno que los animaron a emprender el regreso?


Esta semana la historia se repite. Dos mil campesinos amanecen en el casco urbano de Tarazá. Miles de hombres, mujeres y niños caminan o llegan en buses. En un comunicado exigen el cese de las aspersiones de glifosato, indemnizaciones a quienes perdieron sus cultivos lícitos a causa de éstas e inversión estatal en las veredas. Esta vez se reconocen como desplazados por la guerrilla y a la vez como manifestantes. Su condición de víctimas del destierro no impide la rebeldía ni empantana la movilización. La Policía departamental anuncia con prontitud que “las Farc están detrás y hay milicianos infiltrados”. El secretario de gobierno de Antioquia recuerda a la población que “no tiene por qué estar protestando” y bautiza el movimiento como “cocalero”. Una vez más no escuchamos las voces de los protagonistas de la movilización. En la prensa escrita se acude al genérico “Los campesinos dicen”, como si se tratara de un grupo uniforme, monolítico. La televisión, que todo lo puede, va más allá. Emite imágenes, algunas de archivo, y todas sin voz.

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