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Dicen los médicos que el niño sobreviviente del accidente aéreo del miércoles en Trípoli (Libia) todavía no se ha dado cuenta de las dimensiones de la tragedia. El estupor del golpe y las cirugías en las piernas fracturadas no le permiten responder a las palabras aún. A diferencia de los otros 103 pasajeros que volaban en el avión de Afriqiyah Airways, el pequeño de nueve años se salvó por la suerte de quedar atrapado entre un trozo del fuselaje que se desprendió en el momento del choque con el suelo y lo protegió de la bola de fuego que le siguió. Esa es la versión de las investigaciones preliminares.
Ayer se supo, por medio del Ministerio de Relaciones Exteriores de Holanda, que a quien algunos medios europeos llamaron “el niño milagro”, se llama Ruben van Assouw y es oriundo de Tilburg, sur del país. Hace días había emprendido un viaje a África con su familia, un safari por las estepas que conmemoraría un aniversario más del matrimonio de sus padres Trudy, de 41 años, y Patrick, de 40.
Después del viaje era hora de volver a casa y el avión despegó de Sudáfrica rumbo a Trípoli, donde los turistas tomarían una conexión a Europa. Sin embargo, a unos 500 metros de la pista de aterrizaje, la aeronave se estrelló contra el suelo sin razón aparente y sin haber reportado ninguna alerta a la torre de control. “Las incógnitas podrán resolverse próximamente”, dijo el ministro de Transporte libio, Mohamed Zidane, y anunció que la misión forense encargada de investigar la escena encontró ayer y en buen estado las cajas negras con las grabaciones de la tripulación.
Una vez Ruben esté en capacidad de asimilar la noticia, los doctores le explicarán que el avión en el que viajaba, un Airbus 330-200, se estrelló cerca del aeropuerto y que además de sus padres, su hermano Enzo de 11 años también falleció. Dos tíos del niño aterrizaron ayer en Trípoli en un vuelo enviado por el gobierno de los Países Bajos para acompañarlo en su recuperación y traerlo de vuelta al país apenas sea posible. Llegaron acompañados de personal forense que apoyará las investigaciones del siniestro. No fueron los únicos, familiares de 61 muertos de nacionalidad holandesa tuvieron que viajar también con la triste tarea de identificar los cuerpos de sus seres queridos.