El aullido del escritor

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Durante la inauguración del VIII Congreso de la Lengua en Córdoba (Argentina) el escritor peruano, premio Nobel de 2010, Mario Vargas Llosa, subió al proscenio del teatro San Martín y profirió una diatriba contra una carta en la que el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, exige al Papa Francisco – argentino – y al rey de España – presente en el Congreso- que se forme una comisión conjunta para estudiar la Conquista de América y pedir perdón por sus excesos.

Ya Octavio Paz, en su magistral ensayo sobre la identidad mexicana, “El Laberinto de la Soledad”, nos había advertido que el nacionalismo, para todos los países americanos, en particular para México, es un mecanismo conjurativo contra la desesperanza y los complejos legado de una historia de despojos. Para López Obrador, el nacionalismo ha sido asunto en su liderazgo, casi una identidad de su política; así que la osada misiva es coherente con el talante del emisor, también como reacción del gobierno mexicano por la reciente visita que cumplió el presidente de España, Pedro Sánchez, al país norteamericano que construye el ignominioso muro fronterizo.

En la inauguración del CILE, Mario Vargas Llosa; quién, por cierto, se ha vuelto un adalid y símbolo del anti izquierdismo, se tomó el estrado y, sin papel, furibundo dijo que: “ López Obrador debió mandarse la carta a sí mismo, porque ningún presidente latinoamericano ha resuelto la injusticia proverbial contra los indígenas…”-dijo también que “se siente orgulloso de ser descendiente de españoles y que eso lo hace profundamente latinoamericano.”

En efecto, la aireada reacción del escritor, logró adeptos en el gremio y abundaron los ataques a López Obrador. El español Pérez Reverte (Autor de la Tabla de Flandes) exclamó: “Acaba uno harto de que la historia de España, con tantas luces y sombras como cualquier otro país, se haya convertido en el tiro al blanco de todos los demagogos.

Sin duda, el desafío diplomático expreso en la carta corresponde a una jugada demagógica de López Obrador, para ambientar lo que será la postura de su gobierno en las conmemoración de los 500 años de la caída de Tenochtitlan por la codicia de Hernán Cortés, que se cumplen en 2021.

Pero también hay oportunismo y demagogia en la reacción de Vargas Llosa. No olvidemos la radical oposición del escritor a la candidatura de AMLO, afrentándolo durante toda la campaña, con argumentos de la peor ultraderecha, como que “su elección sería un retroceso y México podía terminar como Venezuela”; no olvidemos que Vargas Llosa tiene a España como segunda nacionalidad desde 1993, que el rey Juan Carlos I en 2011 le otorgó el título de Marqués y desde entonces se mueve entre la realeza “como pez en el agua” con el tratamiento protocolario de ilustrísimo Señor; no olvidemos que su amigo el rey Felipe VI estaba presente en la inauguración, que gracias a esa relación, en 2022, el próximo Congreso internacional de la lengua se hará en Arequipa (Perú) su ciudad natal. Así pues, vió y uso la oportunidad de mostrarse campeador de su rey y de su patria adoptiva, atacando, lanza en ristre, al “hijo de la chingada”.

El rey Felipe VI, igual que sus antecesores, con los oídos acostumbrados a los reclamos de líderes americanos, por el genocidio y los despojos cometidos por los conquistadores, guarda prudente silencio.

El presidente de México sonríe, sabe que la carta está cumpliendo su cometido.

En cambio el escritor arequipeño insiste en su perorata contra OMLO. Es intrigante el modo en que Vargas Llosa bifurca su espíritu, como Dr Jekyll y Mr Hyde puede parecer dos personas distintas; de un lado el genial novelista capaz de recrear cosmogonías y personajes que nos asombran para revelarnos la complejidad humana y la incertidumbre universal, del otro lado el hombre público ideologizado y parcializado por élites egoístas y fanático de políticas capitalistas, no obstante excluyentes, inequitativas e insensibles a las Injusticias sociales.

En su más reciente libro, “El llamado de la tribu” nos describe su cómodo trasegar por las modas intelectuales desde mediados del siglo pasado, hasta ahora, cuando, según dice, encontró la aldea extraviada: el liberalismo. Pero a juzgar por la ralea de políticos con los que se codea, su tribu actual es la ultra derecha.

Este ensayo autobiográfico, sería más justo con el escritor octogenario, si fuese inspirado en el poético cuento de Jack London, “El llamado de la selva”, donde el perro de pelea reconoce en su alma su instinto licánido y atraído por el aullido de los lobos, deja la ciudad duenda, abandona a su amo y vuelve a la manada. Qué bueno hubiera sido que Vargas Llosa viejo volviera a aullar libre bajo la luna.

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