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El paro indígena que agobia al sur del país, particularmente al departamento de Nariño, nos ha privado de muchísimas cosas y nos tiene al filo del caos total en todos los frentes vitales en este sector del país. Pero es como si no existiéramos para el Gobierno Nacional y cada día se comprueba que no se tiene al jefe de Estado del que tanta expectativa se hizo un amplio sector de la población colombiana cuando votaron por el presidente Duque. Claro, el paro no afecta al 99 % del CD y suponemos que en el fondo están felices con la situación. Como le decía una ciudadana venezolana en una de tantas manifestaciones de protesta al tirano Maduro: “Tú sí estás comiendo bien, durmiendo cómodamente, viajando y disfrutando de los restaurantes más sofisticados, por eso estás tan gordo y grandote… y no te importamos para nada, aunque nos veas mendigando un pedazo de pan”. Lo mismo pudiéramos increparle los caucanos y nariñenses al presidente Duque.
He leído una cantidad de columnas de opinión en las que se esgrimen con meridiana claridad todos los argumentos para que el señor presidente solucione semejante problema, del que ya se tienen amargas experiencias. Casi que ya no hay nada que agregar sino quedarse estupefacto frente a la fría actitud del primer mandatario y a una aparente independencia con relación a su jefe pluma negra. Cada día nos queda la sensación de que se viven tiempos de regresión a las peores épocas, solo comprables con la de Laureano Gómez. Que los jóvenes averigüen por internet quién es este personaje en la historia política del país y sepan lo que vivieron los abuelos y bisabuelos, pero que no se hagan los songos zorongos con el pretexto de que no lo conocieron.
Y eso que hay otros problemas, como la sanción de la ley para la JEP con toda la presión internacional… y nada. ¿Es eso personalidad? ¿Carácter? ¿Gobernabilidad? No quiero conocer las respuestas de los endiablados del CD, sino de personas con una mentalidad abierta y objetiva que expliquen la urgencia de esta legislación para que el proceso de paz pueda seguir su caminar, así sea lento y enfrentando todo tipo de obstáculos. Me encanta la presidenta de la JEP por su serenidad y aplomo. No la hemos visto gritar al estilo Paloma o Cabal, Guerra u Holguín, no se descompone, y que la Divina Providencia la proteja.
Ana María Córdoba Barahona. Pasto.
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