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MUCHOS DIRÁN QUE A VECES SOY repetitiva, pero hay que levantar la voz pues Bogotá está hecha un caos.
Y no sólo es el problema vial sino que también hay un caos en la construcción de vivienda. Finalmente, lo uno está relacionado con lo otro, pues hay que mirar a la ciudad en forma integral y, por ejemplo, las construcciones han subido la densidad en zonas donde no hay un sistema vial eficiente ni suficiente. La calidad de vida del ciudadano se ha deteriorado en la medida en que debe hacer largas jornadas para llegar a su lugar de trabajo o realizar cualquier actividad dentro de la ciudad. Es tal el caos que la gente prefiere no salir sino ante una necesidad, por lo que la economía de los negocios empieza también a decaer.
Es complejo y difícil moverse en la ciudad y muy especialmente en el centro, en donde se están construyendo las vías del Transmilenio y se hacen los arreglos en la calle 26. Lo más absurdo es que no parece que exista una planeación y un cronograma que no deje que la ciudad se paralice, que es lo que sucede hoy. El anunciado cierre de la carrera séptima es un absurdo ante el problema vial para moverse entre el sur y el norte de la ciudad por carro, a lo que se le suma la subdimensionada demanda por el Transmilenio.
Al problema de la construcción de las obras en las vías y la escasez y el deterioro de las existentes se suman las construcciones autorizadas, fenómeno éste que no se entiende, pues se aplican normas tan distintas de zona en zona que en algunas sólo se permiten algunos pisos y en otras muchos más o muchos menos. Y esta densidad no guarda relación con las vías existentes, lo que contribuye al grave problema de movilidad que vivimos.
Estamos entonces ante la necesidad inminente de construir nuevas vías, sobretodo periféricas en los cerros, la construcción de la ALO y la definición de un sistema masivo de transporte que se sume a los actualmente desarrollados; por ello el metro es una opción que hay que seguir explorando. Es igualmente necesaria la revisión del POT y estar atento a su cumplimiento, la constitución de veedurías ciudadanas que revisen y hagan seguimiento a las aprobaciones de proyectos e igualmente leyes con castigos fuertes cuando se aprueba la construcción de edificios que doblan o triplican el número de pisos de zonas con densidades inferiores. Una táctica de los constructores es construir y después se van a tribunales en los que, con una peripecia legal, generalmente ganan los pleitos pues no ha habido nunca un edificio que haya sido derrumbado o que haya eliminado algunos pisos. Tiene que haber una responsabilidad de las partes involucradas. ¿Por qué las autorizaciones en una misma zona son tan distintas en cuanto a número de pisos y áreas de cesión y recreación? ¿Por qué las reglas no son iguales? Me pregunto qué pasa. Espero que haya una respuesta. Por ahora un signo parecido al silencio serviría para decir que es lo que pareciera. Silencio y nadie protesta ni dice nada.