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AQUELLO QUE CONSIDERAMOS NUEvo ha cambiado rápidamente desde las últimas décadas del siglo XX, pero las leyes que lo vuelven efectivo, basadas en la psicología elemental, son las mismas.

“Lo verdaderamente impactante y extraordinario se desprende de lo ordinario”. (R. Greene, Las 33 estrategias de la guerra, 2007). Sin referencias a la vida común lo “nuevo” no pasa de ser algo meramente extraño, y no la evolución del gusto. Una moda que pronto pasará de moda, y más en este país donde suelen ya estar pasadas de moda. Pero lo grave no es la moda del vestido, que se renueva con las estaciones, ni la de los carros o los restaurantes, sino la de los edificios, pues duran muchísimos años.


Lo de verdad no convencional es volver a lo convencional, pero sin caer en su pastiche. Por ejemplo retomar aquí las “eternas” leyes de nuestra muy acertada y por lo tanto bella arquitectura colonial, definitivamente contextual y sostenible. E incluso su urbanismo, pese a la devastación de su entorno físico, finalmente no tan grave dado que las ciudades eran muy pequeñas. Pero hacerlo para las necesidades de hoy, muchas las mismas de antes, y con los recursos actuales que de verdad sean necesarios. Que lo moderno, como pedía Le Corbusier, pero que poco practicó él y en general la arquitectura moderna, sea la integración de clima, paisaje y tradición (Obra Completa, 1938-46). De los nuestros, no sobra aclarar, haciendo hincapié en que aquí los climas son diversos. Y por lo tanto lo son los paisajes, por lo que nuestras ciudades sólo comparten tradiciones que en consecuencia varían.


La respuesta está en la arquitectura regional que se viene haciendo calladamente en otras partes (V. Richardson: New Vernacular Architecture, 2001). Orientada precisamente a darles forma a las ciudades pero respetando lo existente, y considerando sus diferentes climas y paisajes, mediante la innovación de sus tradiciones y los nuevos usos de viejas técnicas y materiales. Es decir, un nuevo regionalismo crítico y no apenas formal. Es poner de moda lo que nunca ha pasado de moda: el pensamiento racional, el conocimiento y la verdadera inventiva. Aquí, y en general en el trópico hispanoamericano, la arquitectura tendría que volver a ser significativa pero contextual, confortable pero sostenible, funcional pero segura, adaptable y en últimas reciclable.


Como nuestras ciudades coloniales de tierra caliente, compactas, bajas, de patios y calles estrechas y sombreadas. Que es lo que busca la oficina de Norman Foster para Abu Dabi, en Masdar, en la Península Arábiga, con su retorno a la eficaz ciudad tradicional islámica (L. Fernández-Galiano, El País, Madrid, 02/03/2010). Sin residuos contaminantes, y de bajo consumo de energía y agua, tendrá soluciones que servirán de ejemplo a muchas ciudades para que vuelvan a ser sostenibles y contextuales. Al tiempo que se desarrollan, que, como dice el DRAE, es “acrecentar, dar incremento a algo de orden físico, intelectual o moral” y que dicho de una comunidad, es “progresar, crecer económica, social, cultural o políticamente” y no apenas seguir la moda de lo “nuevo”.

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