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Yo estuve en… La captura del asesino de Monserrate

Un policía cuenta cómo dieron con Fredy Valencia, el hombre que vivía en el cerro de Monserrate y asesinó, al menos, a 11 mujeres que enterró cerca de su guarida.

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Cuando lo vimos fue espeluznante. El primer cuerpo no lo encontramos enterrado, sino en medio de los escombros, envuelto en un tapete y metido en una bolsa plástica. Sólo sobresalían las piernas.

Soy el capitán Rafael Bernal, encargado del Grupo de Homicidios de la seccional de Investigación Criminal de la Policía Metropolitana de Bogotá. Siempre que hay un caso de relevancia llaman al oficial encargado del grupo, que ese sábado 28 de noviembre era yo. Me informaron que al parecer había restos de una persona enterrados, así que me trasladé al sitio para ponerme al frente del caso.

El olor era muy fuerte, y el ambiente muy pesado en esa zona boscosa. Había un cambuche de tablas. Justo detrás hallamos el cuerpo. Verifiqué que fueran restos humanos y noté que estaban en alto grado de descomposición. Empezamos a hablar con la gente del sector. En esta zona hay mucha gente que vive en la montaña. Preguntamos si sabían quién vivía allí, pues cuando llegamos no había nadie. Entrevistamos a varias personas y con los testimonios tuvimos los primeros indicios.

Los habitantes del sector informaron que ese sujeto, Fredy Valencia, tenía problemas con el resto de gente que vivía allí porque era muy agresivo, trataba de controlar la zona e imponer su voluntad. Dimos con la familia recién instalada que tenía la perrita pitbull que olfateó los cadáveres. El hombre les decía que quitaran esa perra de ahí porque iban a encontrar algo desagradable. El señor de esa familia me dijo que este sujeto le había confesado que tenía gente ahí, enterrada, entonces que no se metieran con él. Varias personas nos manifestaron que constantemente las amenazaba de la misma manera.

Ese día, cuando el hombre iba llegando a la montaña para entrar al cambuche, la Policía estaba ahí. La gente lo señaló. Lo requisaron, y como no tenía documentos, lo tuvieron que llevar a la Sijín para identificarlo por huella. Yo llevé a las personas que nos habían dado información a que hablaran directamente con la fiscal.

Trabajamos toda la noche buscando la mayor cantidad de pruebas posibles para entregarle a la Fiscalía y solicitar la orden de captura. La obtuvimos al día siguiente, junto a otra de vigilancia y seguimiento. Como ya lo habíamos identificado, lo seguimos durante 30 minutos a ver si recolectábamos alguna otra prueba, hasta que vimos que se dirigía hacia el Bronx. Dijimos: “Donde se meta allá se nos pierde”, entonces hicimos efectiva la orden de captura.

Eran más o menos las 7:30 p.m. Cuando le dijimos quiénes éramos y qué íbamos a hacer, su expresión fue de preocupación, de pánico, y no puso ninguna resistencia. Sin embargo, empezó a decir que él desconocía las razones de la captura, que no había hecho nada y no tenía nada que ver con lo que le decíamos. Le explicamos que lo estábamos capturando por homicidio y que iba a ser investigado por el cuerpo sin vida que estaba detrás de su cambuche.

No lo interrogamos. Como una pregunta suelta en ese momento le consultamos si, teniendo en cuenta lo que contaban sus vecinos, él tenía conocimiento de los cuerpos que presuntamente había enterrados en la zona. Contestó: “No sé cuántas personas son”. Cuando dijo eso, nos dimos cuenta de que tenía que ver con esto y de que, efectivamente, podría haber gente ahí enterrada.

Luego vino todo lo que se ha contado en medios: la judicialización, la imputación por el primer homicidio, las terribles confesiones y la búsqueda que resultó en el hallazgo de los 11 cuerpos que hasta hoy se han encontrado. Más allá del impacto que pudo haber causado esto, nos dio alegría porque pusimos en manos de la justicia a alguien que venía haciendo mucho daño quién sabe desde hace cuánto tiempo.

*Grupo de Homicidios de la Policía de Bogotá

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