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El 10 de la selección chilena nació en Maracaibo, Venezuela, hace 31 años. Sus padres son chilenos, al igual que sus hermanos Luis y Hugo. Pero él, por cosas del destino, nació en el país caribeño. Su papá trabajaba en las oficinas del Aeropuerto de Santiago para Lan Chile y por esos días, cuando su esposa estaba embarazada, le propusieron un traslado a Maracaibo. Los Valdivia empacaron maletas y aceptaron la propuesta. Por eso fue que el ahora figura de “La Roja” creció en el caluroso clima venezolano. Por esa época jugaba más con pelotas de béisbol de esponja que balones de fútbol. Es más, su primer equipo amado fue uno de béisbol: Los Tigres de Aragua. Sus hermanos lo llevaban a verlo al estadio.
Claro que el fútbol estaba en sus sangre. Su hermano Hugo había sido futbolista profesional en equipos como Palestino y Universidad de Chile. Y su padre, un hincha ferviente del Colo Colo, tenía banderines y afiches del equipo albo por lugares de la casa y cada vez que tenía la oportunidad de hacerlo, le hablaba a Jorge de fútbol. Le decía que si se decidía por él podría llegar a entrar a un estadio vestido con esos colores, el de “el mejor equipo del mundo”.
La lucha entre esos dos deportes la ganó el fútbol y justo apenas regresó con su familia a vivir a Chile, comenzó a entrenar en las divisiones menores de Colo Colo. De joven siguió las eliminatorias a Francia 98 como hincha y estando en las gradas del estadio Nacional, viendo a Salas, Zamorano y las figuras de la roja en ese momento, soltó una frase que todavía recuerda su madre Elizabeth Toro. “Mamá, algún día yo estaré ahí”.
Tras falta de oportunidades en el equipo colocolino fue cedido a la Universidad de Concepción, donde en 2003 dejó ver su talento. Demostró que era un jugador diferente, un volante de creación con esa magia con la que muy pocos cuentan; de ahí su apodo de El Mago. El sueño de Luis, su padre, hubiese sido que él debutara con la blanca del Colo Colo de sus amores, pero rápidamente fue vendido al Rayo Vallecano, de España y en ese año, el 2004, fue convocado por primera vez a la selección absoluta de Chile en la que debutó en un juego frente México.
Dos años más tarde, cuando ya estaba en Colo Colo, club del que es confeso hincha, anotó su primer gol con la camiseta chilena. La Copa América de Argentina y los Mundiales de Sudáfrica y Brasil fueron los mejores torneos junto a la selección, aunque en ninguno fue la gran figura.
Su magia ha sido opacada varias veces por los actos de indisciplina en concentraciones con Chile. El primero se produjo durante la Copa América de Venezuela en 2007, cuando tras clasificar a los cuartos de final, él junto a otros cinco futbolistas fueron expulsados del plantel por encontrarse bajo los efectos del alcohol. En esa oportunidad recibió una sanción de 20 partidos, pero su castigo fue rebajado a la mitad. Luego, cuando el DT era Claudio Borghi, fue visto en un restaurante de Santiago, al parecer pasado de copas, poco antes de presentarse en la sede deportiva de la federación Chilena de Fútbol. Finalmente no fue convocado.
Con la llegada de Jorge Sampaoli, el 10 volvió a tener una oportunidad en la selección y nuevamente se volvió a lucir. Claro que tras el excelente Mundial de Brasil 2014, en donde fueron eliminados por Brasil en los octavos de final, renunció a la roja con la excusa de irse por la puerta grande.
Jugó la copa por pedido de su esposa
A meses de la Copa América de Chile 2015, su esposa Daniela Aránguiz comenzó una campaña por redes sociales para que su esposo se volviera a poner la 10 de la selección chilena. “Hoy empiezo una campaña, ojalá todo Chile me apoye (Mago vuelve a la Roja). Tus hijos te quieren ver jugar en la Copa América. Porfa @jorgitovaldivia. Chile y nuestra selección te necesitan”, escribió.
Ese mensaje y su buen momento en el Palmeiras de Brasil, cuando fue considerado el mejor extranjero de la liga, lo impulsaron para aceptar el llamado de Jorge Sampaoli para unos amistosos previos al certamen continental. Y tras ser arropado como nunca antes, salió al estadio Nacional de Santiago de Chile como titular en el partido de la inauguración ante Ecuador.
Valdivia es el auténtico caudillo de la selección chilena, por su influencia en el sistema de juego. Él es quien monopoliza los hilos de la posesión de la roja gracias a su técnica privilegiada que le permite concretar sus pases geniales con la rapidez que le exige Sampaoli.
En una cancha de fútbol sólo los dotados técnicamente como él son capaces de hacer genialidades en los momentos indicados. No es de los que hacen una de más, sabe cuándo ejecutar. Ve espacios donde no los hay, o mejor, en donde los demás no los ven. A lo largo de esta Copa está ratificando que nunca debió haber renunciado y que todavía su fútbol le da para mucho tiempo más. No es de los que entra a la cancha a trabajar, sino a disfrutar.
En los cuatro equipos que quedan en competencia, no hay uno sólo como él. Un volante 10 clásico, que maneja los tiempos y que deja correr la pelota más que a sus piernas. En su momento Carlos El Pibe Valderrama lo catalogó como el mejor 10 del mundo, quizás porque se vio reflejado en él. “Esta es una generación prodigiosa. Está Alexis Sánchez, Arturo Vidal, Claudio Bravo… Cómo no jugar bien con ese tipo de jugadores”, reconoció el 10 chileno, quien a pesar de confirmar que irá a jugar al fútbol de Arabia Saudita, podría hacer parte de cualquiera de los mejores equipos del mundo.
¿Qué truco hará El Mago para que Chile gane su primera Copa América?
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