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TREMENDA PIFIADA LA DEL PLAN DE Desarrollo que pretende, en su ignorancia, separar a Buenaventura del Valle del Cauca en un proyecto malalechudo, ofensivo y carente de toda lógica.
Para quienes concibieron tal exabrupto, los 41 municipios del Valle hacen parte más de la cordillera y del valle del río Cauca que del Litoral Pacífico y desconocen la integración que existe entre Buenaventura y su departamento y viceversa.
¿A qué esas gasolinas separatistas en el gobierno que se precia de Unidad Nacional? ¿Para qué envalentonar a una región con la loca idea de que el segundo paso será la conformación del Departamento del Pacífico con capital Buenaventura? Ello a más de una insensatez es una irresponsabilidad que debería costarles el puesto a sus autores.
Desde hace varios años Cali ha sido considerada la capital del Pacífico colombiano, apelativo que no es gratuito: las migraciones de la costa pacífica, sus costumbres, su música y su raza forman parte del paisaje y de la idiosincrasia de los vallecaucanos. Incluso hubo quien propusiera cambiarle el nombre al departamento, rebautizándolo como Valle del Pacífico.
Tan descabellada idea sólo pudo provenir de personas que no conocen la región: que no han ido al puerto ni menos a las ciudades del departamento en las que es palpable la influencia del uno sobre los otros y viceversa.
¿Qué sería de Buenaventura sin su departamento y qué del Valle sin Buenaventura? Por favor, más seriedad. Ah, y ¿quién o qué habrá detrás de semejante absurdo? Porque ya es usual que la sabana no da puntada sin dedal. Bueno que alguien nos cuente los intereses que se ocultan detrás del cuestionado Plan.
Menos mal que la semana entrante se constituirá, por parte de los departamentos limítrofes con el Pacífico, la Región Pacífico de Colombia, en donde en el orden del día debe repudiarse este petardo.
Lejos pues de insistir con esa fractura social, geográfica y étnica, que el gobierno central apoye la iniciativa regional que con el lema “Tierra de paz, mar de prosperidad”, busca fortalecer y darle vida propia a un sector de Colombia tanto o más importante que la región costera del Atlántico, en donde se unieron y miren cómo van.