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Colorados, así deberíamos ponernos los caleños ante el gesto de bondad del jugador Fernando Aristeguieta, del América de Cali. El goleador del torneo de apertura de la Liga Águila 2019 en Colombia es nadie menos ni nadie más que este venezolano, caraqueño para más señas, a quien su corazón de inmigrante le alcanza para promover las ayudas, estas sí humanitarias, y apoyar así a la comunidad del hermano país. La misma que hoy deambula por cada rincón de Colombia huyendo de la guerra política desatada en su nación. Con la Organización Colonia Venezolana, Colvenz, del barrio San Cayetano en Cali, el Colorado, como se conoce popularmente a Aristeguieta, impulsa la atención que desde el sector oficial caleño no se les ha ofrecido oportunamente a los desarraigados venezolanos. ¡Qué desmemoriados somos los caleños! O mal agradecidos, mejor. Ya se nos olvidó, incluso, que fueron los hermanos venezolanos quienes nos tendieron la mano por allá en 1956, cuando miles de damnificados por la explosión de un convoy militar recibieron la donación del que hoy se conoce como el edificio venezolano, en el exclusivo sector de Chipichape, al norte de Cali. Y lo peor, en Colombia no hemos sabido aprovechar el potencial que nos pueden dejar los refugiados, como sí lo aprovecharon los argentinos y venezolanos con la llegada de los italianos, luego de la Segunda Guerra Mundial. El mismo Colorado es hijo de inmigrantes italianos que llegaron a Venezuela desde tiempos remotos. No olvidemos que Venezuela quiere decir una pequeña Venecia. En cambio aquí, a pesar de que nos desvanecemos y le chorriamos la baba a un extranjero, históricamente les hemos dado la espalda, pese a que la industria, el comercio, la cultura y la ciencia les deben mucho a los árabes, palestinos, japoneses, rusos, polacos, italianos y alemanes. Precisamente han sido los alemanes y los venezolanos quienes más han impulsado la industria del petróleo en Colombia. Y sin ir más lejos, fue un italiano quien compuso nuestro himno nacional. A Oreste Sindici, a quien también alguna vez rechazamos, deberíamos reconocerlo como símbolo del aporte foráneo, italiano, a nuestra cultura, porque hoy nuestro himno es más respetado en el extranjero que en nuestra propia patria.
John Tenorio, Cali.
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