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En los primeros años de gobierno del presidente Franklin D. Roosevelt, la Suprema Corte —de mayoría conservadora y enemiga de la intervención del Estado en la economía— fue un palo en la rueda para la implementación de las políticas del New Deal. Debido a que los miembros de esa Corte son vitalicios, hubo que esperar el retiro voluntario o la muerte de los magistrados más ortodoxos para que muchas de las reformas legales promovidas por Roosevelt pasaran el examen de constitucionalidad, bajo una Corte más “liberal”.
Hoy en día, gracias a Donald Trump, una sombra de exclusión e intolerancia amenaza a la Suprema Corte de Estados Unidos, lo cual tendría impredecibles consecuencias para la democracia en ese país y en el resto del mundo. De los nueve magistrados que actualmente componen esa Corte, dos fueron nominados por Trump y confirmados por el Senado de mayoría republicana. Ojalá los cuatro magistrados propuestos en su momento por los presidentes Clinton y Obama gocen de buena salud y todavía no quieran retirarse de sus cargos.
Además de la facultad de nominar a los magistrados de la Suprema Corte, el presidente de Estados Unidos la tiene respecto de muchos tribunales y jueces federales. Según lo relata el periodista Paul Butler en The Guardian, Trump en su mandato ha nominado alrededor de 60 jueces, de los cuales solo uno es afroamericano, uno es hispano y tres son mujeres. Los demás son hombres de raza blanca. Este perfil de los nominados encara el riesgo de que en las próximas décadas el sistema judicial estadounidense tienda a limitar los derechos constitucionales de las minorías.
A través del ejercicio de ese poder de nominación de jueces y magistrados, las maneras de Trump y su concepción del Estado perdurarían por décadas, aunque no logre la reelección. Ese sería su legado.
En Colombia, la fatal reforma constitucional que permitió la reelección presidencial desajustó el mecanismo constitucional diseñado en 1991 para equilibrar la relación del presidente de la República con la Corte Constitucional y su injerencia en la nominación de sus magistrados. Hoy en día, el presidente Duque es una víctima de esa realidad política e histórica.
@jcgomez_j