Publicidad

Qué hacer con las CAR

Rodrigo Lara
25 de enero de 2011 – 04:31 p. m.

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

Las CAR son copia de las llamadas executive agencies norteamericanas.

En los tiempos del New Deal, los Estados Unidos vivieron una verdadera revolución constitucional al dotarse de organismos (ej.la famosa Tennessee Valley Authority.) diseñados para ejecutar políticas públicas federales en territorio de los Estados. No obstante, en razón de la histórica desconfianza del Congreso respecto de los poderes del Presidente, estas agencias fueron dotadas de autonomía para mantenerlas  por fuera del radio del poder presidencial. Para el Congreso, se trataba de crear administraciones técnicas, políticamente neutrales y de impedir que los “burócratas de Washington” metieran sus narices en los Estados.

Con el paso del tiempo se observó la tendencia natural de estas agencias a potenciar su propia autonomía y a actuar de manera descoordinada, y se constató que en muchos casos su pronunciada autonomía facilitaba su captura por los intereses regulados. Como en los Estados Unidos la Constitución consagra máximas y no herramientas precisas, el gobierno de Reagan pudo ponerlas en cintura, integrándolas al poder ejecutivo y sometiéndolas a mecanismos de coordinación y supervisión, sin desconocer su autonomía de gestión.

Nosotros importamos la figura de las CAR, y como nos gusta hacer de nuestra Constitución un decreto, pues petrificamos su autonomía en 1991. Ahora estamos en una camisa de fuerza para ajustar su funcionamiento, y así lo constató el Gobierno que anunció reformarlas pero terminó estrellándose contra el sólido dique (este sí) de su bizarra autonomía.

El gobierno se equivoca si pretende que puede dirigirlas reformando sus consejos directivos. Pronto la Corte Constitucional terminará declarando inconstitucional toda medida en ese sentido que no sea cosmética, como lo hizo con las facultades que tenía el Ministerio de Ambiente para revocar algunas actuaciones de las CAR, decisión que a la postre hizo de ellas verdaderas ruedas sueltas.

Ahora bien si el gobierno no puede dirigirlas, si puede regularlas, es decir supervisarlas. En 2008 presenté un proyecto de ley en ese sentido (link), que no tuvo mucha acogida porque en tiempos de la reelección la prioridad era otra. Se proponen dos cosas:

1. Definir el concepto de autonomía de las CAR: se prohíbe a las CAR crear normas, reglamentar leyes de la República o establecer requisitos especiales no previstos en la ley. Según un informe de la Procuraduría de 2007, algunas CAR llegaron al extremo de establecer permisos para la adecuación de canchas de fútbol, la construcción de Kioscos, viabilidades para la venta de arepas o celebración de torneos de fútbol, etc.

2. Revitalizar el principio de interés nacional que subyace en la protección al medio ambiente, dotando al Ministerio de Ambiente de un nuevo diseño de control observado en la forma en que otros países supervisan a este tipo de organismos autónomos.

La idea es preservar la institucionalidad ambiental que es una conquista del país, pero protegiéndola de sus excesos. Las CAR modernas nacieron de las mejores intenciones, pero no olvidemos que de buenas intenciones está empedrado el camino al infierno.

@rodrigo_lara_

Conoce más

Temas recomendados:

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido