¿Oportunidad para la diplomacia en Venezuela?

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Las declaraciones de los altos  funcionarios Elliot Abrams y Mark Green ante el senado de los Estados Unidos, según las cuales el gobierno de ese País busca una transición pacífica en Venezuela, parecieran aclarar un escenario subido de tono en el que se ha puesto, como nunca antes, sobre la mesa la posibilidad de un desenlace militar. Pero, ¿Será  necesariamente así? Ningún actor tiene control en lo que ocurre.

La asfixia a que sometió el régimen de Maduro a la democracia , al punto de oponer una constituyente para desconocer la voluntad popular que eligió a la Asamblea Nacional, es consecuente con su particular visión de “socialismo”: se trata, de acuerdo con sus principios, de una dictadura. En este caso, la del proletariado, de Marx y Lenin, exclusiva forma de Estado para esa concepción de socialismo, ha sido acomodada y reemplazada, en un país en que el proletariado apenas existe y subsiste, por el club de amigos de Maduro; como ocurrió en la Unión Soviética, en sus gobiernos satélites europeos y también en Corea del Norte.

En la actual coyuntura la dictadura ha debido mostrar su verdadero rostro: el fiel de la balanza es  el aparato militar. Ese solo hecho es un enorme triunfo de una oposición hasta ahora dividida.

La respuesta internacional ha dejado ver diferentes niveles de intensidad y enfoques: Mientras la Unión Europea, el grupo de Lima y los demócratas norteamericanos rechazan la dictadura pero no quieren una salida militar, el gobierno norteamericano no la ha descartado, aunque las declaraciones de Abrams y Green insistan en una estrategia para una salida pacífica y diplomática, es decir, negociada.

Claramente los Estados Unidos están usando una estrategia de diplomacia coercitiva que apunta a desgastar el régimen; de persuadir a los militares que lo sostienen, como en Irak luego de la invasión a Kuwait, antes de la intervención norteamericana. Pero  la experiencia indica que ninguna opción es descartable, como lo afirmó un presidente Trump que, significativamente, ahora tiene una aprobación de 40% en Colombia, muy cerca del 45%de colombianos que están de acuerdo con una intervención militar, de acuerdo a la  encuesta de Gallup  publicada el fin de semana. La estrategia de desgaste es efectiva. ¿Si afecta a la opinión, en Colombia como en Venezuela, no hará lo mismo con los militares venezolanos y su entorno?

Pese a lo que se diga estamos ante una situación en que nadie tiene todas las variables bajo control y cualquier cosa, en cualquier momento, puede ocurrir. La violencia de los colectivos chavistas, por ejemplo, hasta ahora no ha tenido una respuesta pero, en extremo, puede conducir a un escenario de conflicto interno.Es evidente que la postura del gobierno Trump ha recogido las simpatías del exilio venezolano (y cubano) en ese país, en vísperas de elecciones, a favor de los republicanos. ¿Le convendrá, en algún momento, aumentar la presión? ¿De qué manera influirá la actitud de Rusia y China y hasta donde encajará la situación en el juego geopolítico global?

Aunque todos decimos, con el deseo, que se trata de un asunto que debe resolver, ojalá pacíficamente, el pueblo de Venezuela, la realidad, cada vez, deja ver un problema más global que involucra actores con diversidad de intereses que decidirán su resolución. Dentro de ellos le reelección de Trump puede ser, en algún  momento, el más significativo. Y no debemos olvidar que en política las necesidades del momento tienen mayor peso que la razón o las estrategias  y políticas de Estado.

@herejesyluis

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