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Los impuestos sirven para motivar a las personas a que modifiquen prácticas que van en contravía de su salud e imponen cargas gigantes en el sistema de seguridad social. Esa es la lección que queda pasado un año de la aplicación de un mayor gravamen a los cigarrillos. Una buena señal para hacer lo propio en otras luchas, como la que busca reducir la obesidad.
Ayer se celebró el Día Mundial sin Tabaco con una buena noticia: la lucha a nivel mundial para reducir el consumo de cigarrillos viene triunfando, aunque todavía falta mucho por hacer. En nuestro país, gracias a que en la más reciente reforma tributaria se introdujo un impuesto, el consumo se ha reducido, quienes consumen lo hacen menos y el sistema de salud ha recibido cuantiosos recursos que ayudan a aliviar la situación apretada en la que vive.
Empecemos por lo que ya debería ser obvio. Los efectos del cigarrillo en la salud, no sólo de los consumidores, sino de quienes los rodean, son nefastos. Este año, la Organización Mundial de la Salud (OMS) viene trabajando con la Federación Mundial del Corazón para recordarles a las personas que el tabaco tiene relación directa con las enfermedades cardiovasculares, que son la principal causa de muerte en el mundo.
Sólo en Colombia, 88 personas mueren cada día por causas directas del tabaquismo. Según la cifras del Instituto de Evaluación de Tecnologías Sanitarias (IETS), nuestro sistema de salud incurre en gastos de cerca de $4,7 billones tratando enfermedades relacionadas con el cigarrillo.
La introducción del impuesto en la reforma tributaria del 2016 hizo que una cajetilla de 20 unidades de cigarrillos pasara de $700 en el 2016 a $2.100 en el 2018. Esto, según datos del Ministerio de Salud, generó una disminución del 4,6 % en la prevalencia del tabaquismo.
Pero los resultados positivos son aún más contundentes. Como cuenta Carlos Fernández en El Tiempo, un año después del impuesto “el número de fumadores adultos cayó de 3,3 millones a 2,8 millones” en Colombia, un 15 % de reducción.
Si expandimos el estudio hasta el 2000, en aquel entonces el 19,6 % de la población fumaba. En el 2015 esa cifra estaba en el 9,4 %. Esto indica que las agresivas campañas publicitarias también han ayudado.
No es suficiente, claro. Pero la intervención estatal, cuando se hace de manera contundente y precisa, genera buenos resultados. Detrás de todas las cifras que venimos compartiendo hay tragedias humanas que se evitaron, vidas que se alargaron y alivios necesarios para el sistema de salud que todos compartimos.
Esta información sobre el tabaquismo debería servir como insumo para otros debates que se vienen dando en el país, particularmente el relacionado con la obesidad y los impuestos a la comida chatarra y las bebidas azucaradas. ¿De verdad queremos adoptar medidas que modifiquen los comportamientos de los colombianos y que además ayuden a soportar los gastos que producen los malos hábitos? Ya tenemos un ejemplo de éxito.
¿Está en desacuerdo con este editorial? Envíe su antieditorial de 500 palabras a yosoyespectador@gmail.com.