
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Con tantos millones de defensores como de detractores en todos los rincones del mundo, Diego Armando Maradona, quien este miércoles 30 de octubre cumple 59 años de edad, es probablemente el personaje más polémico en la historia del fútbol.
Genial e irrepetible dentro de las canchas, desconcertante y conmovedor fuera de ellas, el 10 nunca ha pasado desapercibido. Creció en medio de la pobreza digna de Villa Fiorito, un suburbio de Buenos Aires, en donde desde muy niño se hizo famoso por liderar a un legendario equipo infantil llamado Los Cebollitas.
Apenas tenía 12 años cuando salió por primera vez en televisión y a los 14 ya había firmado un millonario contrato con Argentinos Juniors, su primer equipo profesional. Debutó en primera con 15 años y medio país criticó al técnico Cesar Luis Menotti por dejarlo fuera de la selección de mayores para el Mundial de 1978, aunque el título conquistado salvó el prestigio del entrenador.
Todavía con el dolor de no haber participado en esa Copa Mundo, Maradona fue la figura del combinado albiceleste que ganó el título sub 20 en Japón. Luego fue fichado por el gigante Boca Juniors, en donde estuvo poco tiempo pero gestó un amor eterno con la afición antes de irse al Barcelona español.
Lea también: El contraste entre Diego y Maradona
En la península ibérica tuvo altas y bajas. Su clase nunca se puso en duda, pero sí su capacidad para asumir la fama y la riqueza. Casi que por la puerta trasera se fue entonces a Nápoles, en donde alcanzó la gloria. “Maradona no se cree Dios, es Dios”, aseguran todavía los hinchas del club insignia del sur de Italia. Él, a punta de goles y títulos, reivindicó a una región marginada por los gobiernos y la clase dominante del norte del país.
Allí, Maradona asumió sus roles de héroe, rebelde, irreverente, tramposo y dios. Por muchos años fue de lejos el mejor con la pelota en los pies, un talento incomparable, potencializado con una personalidad arrolladora. De su mano, Argentina ganó el Mundial de México 1986. Nunca un futbolista fue tan determinante en la consagración de una selección como el 10 en la cita en el país azteca, coronada además por el mejor gol de la historia, ese que les marcó a los ingleses en cuartos de final, ese en el que no solamente dejó en el camino a cinco rivales, sino que llegó después de haberles hecho uno con la mano, el que sirvió imaginariamente para vengar la derrota en la Guerra de las Malvinas, apenas un par de años antes. Un gol, un momento y un contexto irrepetibles.
Lea también: Maradona en Sinaloa
Pero ese héroe gigante en las canchas era un simple hombrecito fuera de ellas. Una persona como cualquier otra, incluso con muchos más defectos. Al fin y al cabo, no se preparó para la vida, sino para jugar al fútbol. Sabía que la pelota era su salvación y la de su familia, pero no que el dinero y la fama lo dejarían en fuera de lugar. Cómo no se le iba a ir la luz a una persona a la que reverenciaban los jefes de estado y empresarios más importantes del mundo. Y vino su debacle. Cayó en las drogas, que nunca lo ayudaron a mejorar su rendimiento. Y su personalidad soberbia y conflictiva lo condenó.
Era tan grande su talento que durante una década más siguió jugando y mostrando su magia, aunque ya a cuentagotas, antes de colgar los guayos. Siendo lo que era en el mundo del fútbol, la industria no le iba a permitir irse definitivamente, así que lo graduó, otra vez sin preparación, como entrenador. Y luego de superar problemas de salud, con una sobredosis incluida que por poco le causa la muerte, por allá en 2004, en los banquillos repitió la historia de sus últimos años como jugador. Más derrotas que victorias, incontables polémicas, excentricidades, pero siempre mucha popularidad. Tanta como para que clubes, dirigentes, medios de comunicación y él mismo sigan haciendo negocio.
Lea también: El fenómeno Maradona se toma el fútbol argentino
Hace un par de meses asumió el comando de Gimnasia de Esgrima de La Plata. Y su regreso revolucionó al fútbol argentino. Lo homenajean en todos los estadios a los que va. El martes, 40 mil hinchas de Newell´s Old Boys le recordaron y agradecieron su breve paso por el club como a ningún otro referente de su historia. Y aún no ha ido a La Bombonera, en donde Boca Juniors, equipo del que es hincha, le prepara una sorpresa.
Genio y figura, Maradona llegó a los 59 años aún vigente en el fútbol. A pesar de sus altibajos anímicos y problemas de salud, el cariño de la afición parece recargarlo y darle fuerzas para seguir dando lora. Hay Diego para rato.