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FALTAN APENAS NUEVE MESES PARA la elección de alcalde en Bogotá y no se sabe quiénes serán los candidatos, ni cuál va a ser el mapa partidista.
Pero lo más grave es que, en medio de la profunda crisis que hoy padece la capital de la República, aún no se vislumbra un debate serio sobre cuál es el proyecto de ciudad que queremos.
El año empezó con Mockus y Lucho poniéndole zancadillas a Peñalosa, que se suponía era el ungido de los verdes. Si bien la decisión de los tres ex alcaldes de unirse desató el fenómeno de la Ola Verde el año pasado, era de esperarse que tarde o temprano volverían a primar las profundas diferencias que existen entre ellos. De hecho, Lucho fue elegido alcalde en el 2003 en contra del proyecto peñalosista, en cabeza de la interpuesta persona de Juan Lozano.
Con razón que el nombre de Peñalosa genera más consenso en el interior del Partido de la U que en el Verde. El primer gabinete de Uribe fue compuesto prácticamente por el equipo que le prestó Peñalosa. A ambos les encantan los megaproyectos que favorecen a los privados, preferiblemente a sus amigos. Sea desde el Partido Verde, desde la U, o desde donde sea, Peñalosa tiene claro su proyecto de ciudad y es el mismo de Uribe.
Sólo toca caminar por el mal llamado “Eje Ambiental”, una cloaca hedionda en permanente reparación, para ser testigo de la experticia urbanística de Peñalosa. Para no hablar de los más de 51 mil millones de pesos que hemos pagado los bogotanos y las bogotanas en la también permanente reparación de las “peña-losas pegadas con mockus” (como decía un grafiti) del Transmilenio, sin que nadie responda, ni sepamos cuántos miles de millones sí le han entrado a los bolsillos de sus dueños.
Se requiere un debate serio sobre el modelo de ciudad. Así como sostiene Luis Jorge Garay que las inundaciones le ofrecen al país una oportunidad para realizar reformas estructurales aplazadas por años, la actual crisis del Distrito Capital es el momento preciso para abrir un gran debate sobre su futuro.
La transparencia vuelve a ser un tema prioritario y la movilidad es otro asunto obligatorio. También es clave profundizar los avances sociales, como educación y alimentación, con una mirada de derechos, donde lo público prima sobre lo privado. Y hay nuevos retos a asumir con seriedad: cómo convertir a Bogotá en una ciudad sostenible y sustentable.
El anuncio de Carlos Vicente de Roux de lanzarse a la Alcaldía es una buena noticia. Ha liderado desde hace años la lucha contra la corrupción, siendo el único concejal del Polo que se opuso públicamente al nombramiento de Rojas Birry en la Personería y destapó, junto con Petro, las inconsistencias en las contrataciones en el gobierno de Samuel Moreno. Carlos Vicente es reconocido ampliamente en los círculos distritales por su seriedad y conocimiento de la ciudad, los derechos y el medio ambiente.
Es aún poco conocido por la opinión pública y algunos le critican su estilo demasiado intelectual y tímido. Pero Bogotá ha demostrado que electoralmente es impredecible y ha premiado la novedad. Y creo que ya aprendió la lección de los peligros de elegir una sonrisa bonita.