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La Iglesia de espaldas

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NO ES NADA NUEVO QUE LA IGLESIA católica le dé la espalda a su feligresía y a las realidades sociales de este mundo cambiante.

Es más: cuando uno creía en una apertura que la hiciera más incluyente, todo se fue en deseos porque volvió a su espíritu cavernario y decimonónico que les ha permitido a otras iglesias llenar ese vacío y por esta razón está sumida en una crisis no sólo de fieles sino de vocaciones. El catolicismo se envejeció y se envileció. Q.e.p.d.

Sin embargo este no es el tema de esta nota, sino lo que está sucediendo en Cali, cuya avenida más emblemática —la Colombia— que bordea el río y arranca en el puente de Santa Rita, se cerró ayer para practicarle el hundimiento de unas pocas cuadras levantando tremenda polvareda.

Tras un pulso entre varios sectores de la comunidad, el alcalde Ospina se salió con la suya y, contra viento y marea y tirios y troyanos, sacó adelante su empeño (si es que no se lo tumban en el camino).

Con una inversión de casi $50 mil millones pagados por segunda vez —ya se había cobrado años atrás— y dentro de un paquete llamado las Megaobras, se aspira a que se unan el centro y el norte de Cali a través de la Plazoleta de la Caleñidad con unos generosos espacios públicos que esperamos no los invadan las hordas de vendedores ambulantes que se tiraron la peatonalización de las calles adyacentes a la Plaza de Cayzedo.

Pues sucede que en la salida del hundimiento de la mencionada Avenida Colombia va a aparecer la Iglesia de la Ermita, joya (¿?) barroca que por esas cosas del destino está de espaldas a la vía. Es decir que su entrada principal da a la despelotada calle 13 y su parte posterior a la renombrada avenida. Ello es un exabrupto y una incoherencia a más de un atentado urbano y arquitectónico.

De allí que haya la propuesta de, o darle la vuelta a la Iglesia para que su puerta principal dé a la Avenida Colombia o que donde está actualmente el coro o parte posterior se pase para donde hoy está la puerta principal y viceversa.

De no ser así, imaginen ustedes el oso mayúsculo que desluciría lo que con tanto ahínco se va a realizar en la capital del demonio, el mundo y la carne, léase la salsa.

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