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En 2010 compitieron por los alimentos y el agua del planeta Tierra 7 billones de personas, pero en 2050 el reto ascenderá a los 9 billones. Hoy existen mil millones de seres humanos subalimentados.
La FAO define como tierra agrícola aquella que se puede utilizar en cultivos permanentes tales como café, caucho, frutales… la madera se excluye de los permanentes. Las áreas que se utilizan para dos o más cosechas por año como el maíz se suman una sola vez. Las tierras para el pastoreo de ganado permanente, esto es, con cinco o más años dedicadas a la ganadería también se consideran como tierras agrícolas. Mejor dicho, las tierras agrícolas para la FAO coinciden con las agropecuarias nuestras.
Algunos expertos agrícolas consideran como un estándar razonable el que los países cuenten con más de 0,2 hectáreas agropecuarias por habitante, con una productividad promedia de la tecnología existente a la fecha. Las 0,2 hectáreas equivalen a la quinta parte de una hectárea. China, por ejemplo, ya las posee hoy, pero como aún deben importar algunos alimentos, se disponen a comprar más tierras por todo el planeta para elevar su producción agropecuaria.
El Banco Mundial presenta las siguientes hectáreas agropecuarias por habitante: Australia 2,4; Canadá 1,4; Rusia 0,9; Argentina 0,8; Brasil 0,3; Venezuela 0,1. Estados Unidos explota 0,6 hectáreas por habitante con capital, subsidios y la mejor tecnología existente. Países existen como Japón y Alemania que importan casi todos sus alimentos, pero como son grandes potencias industriales del planeta, pues exportan tecnología para conseguir sus alimentos.
Y pasemos a Colombia de acuerdo con la página web del Ministerio de Agricultura, recientemente actualizada. Resulta que de las 115 millones de hectáreas de extensión total del país, el 55%, o sea, 65 millones NO son agropecuarias y el 45% restante, 50 millones de hectáreas SÍ son agropecuarias.
De acuerdo, así mismo, con dicha página, de las agropecuarias dedicamos a la agricultura, propiamente, la modesta cifra de 5 millones de hectáreas, las cuales son explotadas con deficiencias de capital, subsidios, tecnología y exceso de grupos armados. A la ganadería le asignamos excesivos 39 millones, para una explotación todavía más ineficiente. No se considera lógico superar los 20 millones de hectáreas dedicadas a la ganadería en Colombia. Los bosques no cuentan por acá, ocupan exiguos 0,4 millones de hectáreas, debido en alguna parte a fallos absurdos contra la reforestación de nuestra Corte Constitucional, pero su potencial es bien elevado, de 14 millones de hectáreas.
La suma de los 5 millones agrícolas más las 39 ganaderas arroja 44 millones de hectáreas agropecuarias, para nuestros 45 millones de habitantes. O sea, ya empleamos una hectárea por habitante, lo cual nos coloca bien altos en el mundo en cuanto a posibilidades de producción y exportación de alimentos. Bastaría con corregir el desequilibrio entre las tierras agrícolas propiamente y las ganaderas.