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El sufrimiento no desaparecerá pronto

Paul Krugman
09 de enero de 2011 – 01:00 a. m.

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SI HAY UN POCO DE SABIDURÍA económica, que espero que la gente entienda este año, es esto: aunque es posible que finalmente hayamos dejado de cavar, aún estamos cerca del fondo de un hoyo muy profundo.

¿Por qué necesito señalar esto? Porque he notado que muchas personas han exagerado en relación con las buenas noticias económicas. Lo que me preocupa particularmente es el riesgo del optimismo abnegado; es decir, me preocupa que los formuladores de políticas verán unos cuantos indicadores económicos favorables, decidirán que ya no necesitan promover la recuperación y tomarán medidas que nos hagan resbalar de vuelta justo al fondo.

Así que, sobre esas buenas noticias: varios indicadores económicos, que van de unas ventas por las festividades relativamente buenas a nuevas solicitudes del seguro por desempleo, sugieren que, al fin, es posible que esté terminando la reducción posburbuja.

No hablamos del anuncio publicitario de Reagan, “De mañana en Estados Unidos”. La construcción no muestra ningún signo de retornar a los niveles de la era de la burbuja ni hay indicios de que las familias, con la carga de la deuda, retomen sus viejos hábitos de gastar todo lo que ganaron. Sin embargo, todo lo que necesitábamos para un modesto repunte económico era que la construcción dejara de caer y de aumentar el ahorro —y parece que eso está sucediendo—. Los analistas económicos han estado subiendo sus proyecciones. Ahora parece posible un crecimiento elevado de 4%.

No obstante, de nuevo, no tanto. Los empleos, no las cifras del PIB, son lo que importa a las familias estadounidenses. Y cuando se empieza de un índice de desempleo de casi 10%, la aritmética de la creación de empleos —la cantidad de crecimiento necesaria para regresar a un panorama tolerable de empleos— es desalentadora.

Primero que nada, tenemos que crecer alrededor de 2,5% al año sólo para seguir el ritmo del incremento en la productividad y la población, y, por tanto, evitar que aumente el desempleo. Por eso es que el último año y medio fue técnicamente una recuperación, pero se sintió como recesión: crecía el PIB, pero no lo suficientemente rápido para hacer bajar al desempleo.

El crecimiento a una tasa superior a 2,5% hará bajar el desempleo con el tiempo. Sin embargo, las ganancias no son del uno por uno: por diversas razones, históricamente, se ha requerido de cerca de dos puntos porcentuales extras de crecimiento en el transcurso de un año para quitarle uno a la tasa de desempleo.

Ahora saquen las cuentas. Supongan que la economía estadounidense creciera 4% anual, a partir de ahora, y durante varios años más. La mayoría de las personas considerarían esto como un desempeño excelente, incluso, como un auge económico; de seguro que es más alto que la mayoría de los pronósticos que he visto.

No obstante, las cuentas dicen que aun con ese tipo de crecimiento, el índice de desempleo estaría cerca de 9% a finales de este año y aun por encima de 8% a finales de 2012. No nos acercaríamos a nada parecido al empleo total sino a finales del primer período presidencial de Sarah Palin.

En serio, lo que estamos viendo para los próximos años, aun con un crecimiento bastante bueno, es tasas de desempleo que no hace mucho se habrían considerado catastróficas; porque lo son. Detrás de esas estadísticas frías yace un vasto panorama de sufrimiento y sueños rotos. Y la aritmética dice que el sufrimiento continuará tan lejos como llega la mirada.

Entonces, ¿qué se puede hacer para acelerar este proceso demasiado lento de sanación? Un sistema político racional habría creado hace mucho tiempo una versión del siglo XXI del programa Works Progress Administration —pondríamos a trabajar a los desempleados haciendo lo que se necesita hacer: reparar y mejorar nuestra deteriorada infraestructura—. En el sistema político que tenemos, no obstante, el senador electo Kelly Ayotte, al pronunciar el discurso semanal republicano sobre el día de Año Nuevo, declaró que “el primer trabajo es detener el gasto derrochador de Washington”.

En forma realista, lo mejor que podemos esperar de la política fiscal es que Washington no debilite activamente la recuperación. Cuidado, en particular, con los Idus de Marzo: para entonces, el gobierno federal probablemente habrá tocado su límite de deuda y el Partido Republicano tratará de forzar al presidente Barack Obama a hacer recortes en el gasto, económicamente dañinos.

También me preocupa la política monetaria. Hace dos meses la Reserva Federal anunció un nuevo plan para promover el crecimiento del empleo, adquiriendo bonos de largo plazo; en ese momento, muchos observadores creyeron que la adquisición inicial por 600.000 millones de dólares sólo era el comienzo de la historia. Sin embargo, ahora parece el final, en parte porque los republicanos están tratando de intimidar a la Reserva para que se retire, pero también porque una racha de buenas noticias proporciona una excusa para no hacer nada.

Incluso, hay una posibilidad significativa de que la Reserva aumente las tasas de interés este año o al menos eso es lo que parece pensar el mercado de futuros. Hacerlo de cara a un desempleo elevado y una inflación mínima sería una locura, pero eso no significa que no sucederá.

Así que de vuelta a mi punto original: cualesquiera que sean las noticias económicas recientes, aún estamos cerca del fondo de un hoyo muy profundo. Sólo podemos esperar que suficientes formuladores de políticas entiendan ese punto.

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