Venezuela: ¿es suficiente el edulcorante?

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¡Uffff! Por fortuna el Grupo de Lima rechazó el uso de la fuerza en Venezuela. Pero quienes nos oponemos rotundamente a la confrontación militar no podemos bajar la guardia todavía. El vicepresidente Pence y Guaidó mantienen viva la tesis de “todas las opciones abiertas”. Hay que reconocer que el presidente Duque fue enfático en descartar las armas después de sus elocuentes ambigüedades. Pero muchas veces las afirmaciones de los dirigentes se ven alteradas en la realidad.

El presidente Roosevelt dijo en julio de 1942: “La derrota de Alemania será la derrota de Japón, seguramente sin disparar un tiro”.

Y qué tal Hitler el 12 de noviembre de 1940: “El ingreso de Estados Unidos a la guerra no tendrá consecuencias para Alemania. EE. UU. no será una amenaza para nosotros”.

Suele afirmarse que las guerras obedecen a cuestiones estructurales. Que no son acontecimientos aleatorios. En primer lugar, esto no es necesariamente cierto. En segundo término, aun si así fuera, una vez se crea una situación de tensión, una chispa puede encender una confrontación imprevista de la noche a la mañana. Además, ¿Qué es guerra en el mundo de hoy? Es casi seguro que no vendría un conflicto con tropas de Estados Unidos, Rusia y China. Pero recordemos que Richard Hoolbroke, secretario de Estado Adjunto de Estados Unidos, en 1995, cuando le preguntaron por los riesgos del envío de 20.000 soldados a Bosnia, dijo: “Esto no es una guerra. Esto no es Viet Nam. Esto no es Somalia. No es Líbano”. Los conflictos de baja intensidad revisten demasiadas variables. Pero en todas ellas, sin duda, Colombia saldría afectada.

Por fin, la más preocupante de las citas: “Seriamente creo que no tendremos otra guerra. Esta de Viet Nam es la última”. Richard Nixon en 1973.

Supongamos que el doble mensaje es un juego deliberado. Pero eso no significa que los acontecimientos mismos terminen marcando una ruta distinta.

Antes del fiasco de la visita a Corea del Norte, publicó el Washington Post un análisis sobre la política exterior de Trump. El mandatario norteamericano se ufanaba de que, al igual que Nixon, sus maneras belicosas, la llamada “Política del Chiflado”, habían tenido éxito. Que como tenía capacidad de infundir miedo, su lenguaje terminaba siendo más eficaz que el de otros presidentes que se ceñían al lenguaje diplomático. Puede ser. Pero tiene que tener cuidado, no vaya a ser que le pase lo del mago que, cuando explica el truco, nadie le cree. Haber revelado la intimidad de su estrategia le quita valor. Corremos el riesgo de que Maduro no le crea y que, entonces sí, Trump tenga que volver realidad lo que era una simple bufonada. O, peor aún, que el cálculo de los estadounidenses resulte equivocado. Jame Baker, secretario de Estado gringo, en marzo de 1994 predijo la inminente caída de Fidel Castro: “Basta chuzarlo con un tenedor y el hombre cae”.

Cuidado con quedar en el peor de los mundos: o las amenazas de la fuerza terminan siendo ciertas y aquí pagamos el pato. O al mago del pelo dorado se le chispotea su estrategia y tendremos que convivir con el sátrapa vecino quién sabe cuánto tiempo. Que algún dios nos tenga de su mano.

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