Catherine Zeta-Jones: «Soy guapa y rica, y no voy a disculparme por eso»

La actriz se cansó de la falsa modestia que no siente debido a su privilegiada situación económica y su feliz matrimonio con Michael Douglas, una de las estrellas de cine más famosas de Hollywood.

17 de junio de 2018 – 01:18 p. m.
Catherine Zeta-Jones dijo: "Algo que ya no soy es humilde. Nunca más. Estoy harta de serlo".  / Cortesía
Catherine Zeta-Jones dijo: «Algo que ya no soy es humilde. Nunca más. Estoy harta de serlo». / Cortesía

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A sus 48 años la actriz Catherine Zeta-Jones ha alcanzado un estado mental y emocional en el que ya no siente la obligación de disculparse de manera compulsiva por la vida privilegiada de la que disfruta junto a su marido Michael Douglas. 

«Algo que ya no soy es humilde. Nunca más. Estoy harta de serlo, de verdad. ‘Lo siento por ser rica, lo siento por estar casada con una estrella de cine, lo siento por no tener un aspecto diferente, peor’», comentó la diva como toda una declaración de intenciones, en una entrevista al Daily Mirror. «Nada de pedir perdón, ¡ya basta! Lo único que me importa es mi trabajo. Esa es mi pasión y el resto de mi vida es una maravilla porque tengo dos hijos increíbles y un marido sano y feliz. Todo está bien y no pienso sentirme mal por ello».

En una industria en la que el favor del público y, en consecuencia, el tirón en taquilla puede perderse de la noche a la mañana por un comentario desafortunado o por pasarse de prepotente, las declaraciones de la antigua protagonista de El Zorro son como poco arriesgadas, pero a ella le da igual. Con la barrera de los cincuenta cada vez más cerca, habla ahora sin tapujos.

«Lo que ha terminado de formarme como actriz, más que cualquier otra cosa, ha sido el hacerme mayor. En algún momento del camino perdí mi esencia, ya no me gustaba lo que hacía. Había construido una trayectoria exitosa y no hubo ninguna crisis ni nada similar. Fue entonces cuando me tocó recordar cómo había logrado empezar tan joven y triunfar en esta industria. Lo logré porque no tenía miedo, me daba igual lo que otros pensaran de mí. Me había perdido, volví a sentir miedo y a cuestionarme a mí misma como intérprete y a replantearme mis decisiones», explica. «Pero por suerte, al madurar como mujer, como madre y como esposa he dejado de sentir ese miedo».

 

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