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Narcotráfico y violencia: Déjà vu

Rafael Orduz
03 de enero de 2011 – 09:55 p. m.

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POCAS PROBLEMÁTICAS TAN GLObales como la producción, el tráfico y el consumo de drogas ilícitas. A pesar de los cuantiosos recursos invertidos, los resultados presentados periódicamente dan pena. El negocio está vivo porque hay mercado.

Más allá de las cifras frías de los informes de producción y consumo están las tragedias de la violencia. Decenas de miles de vidas de inocentes, de miembros de la Policía y el Ejército, y de personas vinculadas al negocio se han perdido en América Latina en el intento de extirpar las fuentes y cercenar el tráfico.

En Colombia ha habido una notable reducción de la tasa de homicidios, pese a que ésta sigue siendo alarmante. La Policía reportó 15.238 homicidios durante 2010, una cifra menor en 3,6% a la de 2009. Resulta difícil establecer cuántos de los asesinatos se relacionan con el narcotráfico. Es claro que Colombia sigue siendo el primer productor mundial de cocaína y que carteles colombianos siguen vinculados a las exportaciones, aunque el rol de México, América Central y Venezuela en el tráfico va en aumento.

¿Contribuyen los modestos éxitos colombianos a la reducción de las muertes asociadas al narcotráfico en otras latitudes?

En México, país de 112 millones de habitantes, la tasa de homicidios es relativamente baja (12/100 mil hab.). No obstante, a pesar de la política adoptada por el  gobierno mexicano, el número de homicidios durante el período del presidente Calderón ha más que triplicado la suma de asesinatos del período Fox. Más grave, el 2010 fue “campeón”: 13.630 homicidios. Sólo cinco estados (Chihuahua, Sinaloa, Guerrero, Baja California, Tamaulipas) concentran el 67% de las muertes (Terra, 2.02.11).

Chihuahua, la del feminicidio sistemático (469 mujeres asesinadas entre 2009 y 2010 en Ciudad Juárez), con 3,4 millones de habitantes, tuvo 5.005 asesinatos en 2010 (tasa de homicidios cercana a 150/100 mil habitantes).

Siniestros carteles como los de Sinaloa, del Golfo, Los Zetas o La Familia Michoacana (macabramente inspirada en principios cristianos) compiten por los territorios y son responsables mayores de la violencia.

Las tasas de homicidios en Honduras y Guatemala están disparadas, como lo reconoce el informe 2010 de Naciones Unidas. En el Petén guatemalteco y en Atlántida, Honduras, oscilan alrededor de 100 por cada cien mil habitantes.

En diciembre pasado Colombia y México tuvieron sus respectivos éxitos contra el crimen. Pedro Guerrero, alias Cuchillo, fue dado de baja en Colombia. Nazario Moreno, El Doctor, líder del cartel La Familia, murió en enfrentamiento con fuerzas de seguridad mexicanas. Rasgo común: ambos se formaron en otras organizaciones delictivas (Cuchillo formó parte de la organización de Rodríguez Gacha y del cartel de Medellín, amén de haber sido antes soldado profesional; El Doctor, con otros miembros de La Familia, venía de Los Zetas y del cartel del Golfo).

En el contexto de la política contra las drogas tales éxitos son como las podas: nuevos retoños aparecen.

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