Publicidad

Numerología (va en serio)

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

Y ENTRAMOS EN EL AÑO ONCE, SEgundo de la segunda década del siglo veintiuno. El numerito se las trae; es, por lo pronto, uno de los dos números que se repite tres veces en el reloj digital (11.11, al igual que 22.22). Ningún otra hora da los cuatro dígitos idénticos.

Cualquier día percibí, a esta misteriosa hora, una comunicación especial con el más allá, antes de saber que los mentalistas consideran este número y esta hora como un portal a lo extra sensible y paranormal.

El mismo once fue fatal el día de septiembre de 2001, portador de ese número. Las Torres Gemelas de Nueva York, que de lejos parecían el mismo número once, colapsaron ese día por acción criminal, que creímos sería el comienzo de la tercera guerra mundial. Pero que, en realidad, fue la guerra contra un solo hombre que no se dejó alcanzar.

El papa Pío Once, en la talla parecido al actual, es recordado por los Tratados lateranenses, punto final del litigio sobre los Estados Pontificios. Y pues menciono a la Iglesia, ahí están los Once Apóstoles. ¿Once? Me dirán que eran doce. Ah, sí, pero si se cuenta el que se colgó de un árbol. Cuando llegó el Espíritu Santo al Colegio Apostólico estaban reunidos los once, sí señor, los once.

También ocurrió en el Vaticano, en las estancias papales, que según el inglés David Yallop (En nombre de Dios), un Papa fuera envenenado, según llegó a decirse, con “el cafecito de las once”. Se rumoró que a esta fatídica hora, el recién nombrado Albino Luciani (el papa de la risa ) acostumbraba tomarse un “express”, de acuerdo con la Curia Romana para leer el Kempis y según investigadores acuciosos, para examinar papeles de la misma Curia, así como la nómina de empleados, de los cuales habría que prescindir de más de uno.

Entiendo que los ministerios son por ahora once, pues hay dos encaletados. El Once Caldas y los demás oncenos futboleros se sentirán aludidos con el arribo de este año dos mil once.

No creo que me extienda mucho más, pues me asalta el deseo de bajar por la calle Once, de la Candelaria, calzada que bordean museos interesantísimos, en los cuales sólo hay que soportar la adiposa obra de Botero. El museo del Veinte de Julio, hoy Casa de las Desapariciones; La Luis Ángel Arango, con sus variables propuestas, incluida las de la Casa Republicana y frente a la puerta del perdón de la Catedral Primada, unos sitios deliciosos para tomar las onces.

Y se me agota el magín rebuscador. Los que no están disfrutando de las Islas Vírgenes, que somos la mayoría, soñemos, en estas noches de relativa tranquilidad, con las Once mil Vírgenes, o con alguna de la once. ¡Un buen año! Cuenten las letras y signos de esta última expresión, escrita al azar: son once. Ole, me chiflé.

Conoce más

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido