La importancia de las reglas

Santiago Villa
27 de febrero de 2019 – 12:00 a. m.

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Hay una difícil pregunta filosófica que subyace al drama venezolano: ¿cuál es el límite de la soberanía nacional? ¿Es deseable que algunos países se ocupen de solucionar las crisis de los otros? ¿Tiene cualquier país el derecho de tumbar a un dictador?

Como sucede a menudo con las cuestiones filosóficas, en la teoría es fácil dar respuestas limpias; pero a medida que se aplican al sucio campo de la realidad, surgen contradicciones.

Es posible que, si Estados Unidos planta dos portaviones en las costas de Venezuela y las fronteras se llenan de tanques, la inminencia de una guerra lleve a que el Ejército venezolano dé un golpe de Estado; o que lo haga tras un par de contundentes bombardeos. Es la apuesta que hacen los que ven la guerra, o la amenaza de ella, con buenos ojos, y creo que podrían tener razón. No me parece del todo descabellada la idea de que el miedo a la guerra es lo que tumbaría al chavismo.

Tampoco me parece descabellada la idea de que Venezuela se convertiría en una suerte de Irak, con fuerzas paramilitares venezolanas, aliadas a las guerrillas colombianas y a los carteles de narcotráfico, desatando una larga guerra; costosa en recursos y vidas humanas.

Las intervenciones armadas a veces son necesarias, pero este no es el caso. No lo digo porque crea que el chavismo va a caer con negociaciones y presiones diplomáticas. Sinceramente pienso que sin presión armada el PSUV se perpetuará en el poder.

Mi posición es que el cálculo de la intervención armada no se debería hacer desde lo que le conviene a Venezuela o a Colombia –o lo que nosotros creemos que le conviene a Venezuela o a Colombia–, sino desde lo que dictan unas normas internacionales que ya están escritas. Debe primar el legalismo y no el pragmatismo. 

Comprender esta diferencia nos obliga a distanciarnos de la indignación, la rabia y la impotencia que nos genera ver que los gobernantes de Venezuela se aferran al poder en contra de los intereses de su pueblo. Entender que los mecanismos internacionales para procesar este tipo de crisis deben primar sobre la impaciencia de querer una solución expedita.

Esto no lo digo porque crea que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas va a darle una solución al problema de Venezuela. Dudo mucho que los canales diplomáticos vayan a tener un efecto decisivo y mucho menos inmediato. Sin embargo, considero que proteger los mecanismos internacionales para mediar este tipo de crisis es más importante que lograr una transición política en Venezuela.

Los mecanismos internacionales no están allí para dar soluciones rápidas a los problemas internos de los países, sino para proteger a unos países de los desmanes de otros países. La paz internacional y el orden a gran escala dependen de que la intervención militar suceda tan sólo cuando el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas decida que es conveniente.

Por mucho que nos indigne la crisis venezolana, y por mucho que nos afecte el colapso de su economía y el flujo de refugiados, el problema de Venezuela por lo pronto es interno. Debemos dejar de lado las emociones de indignación y la simpatía que nos suscita el drama de su población, y lo que deben protegerse son las formas y las reglas que se han establecido para este tipo de situaciones. El legalismo es la única respuesta responsable a esta crisis.

Si esto, en el peor de los casos, implica que Nicolás Maduro o el PSUV no dejarán el poder durante décadas, que así sea. Repito: acepto que esto podría no ser lo más conveniente para Venezuela, pero es lo más conveniente para el orden internacional, y lo segundo prima sobre lo primero.

Entretanto, es importante pedir ayuda internacional para recibir con brazos abiertos a la población venezolana que busca refugio en nuestro país.

Twitter: @santiagovillach

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