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Ya conté cómo Juan Pablo II y René Higuita se conocieron en el Vaticano. Hoy detallo otros episodios de la agenda futbolística del pontífice polaco, que en sus 104 viajes apostólicos, durante 26 años, reunió en estadios de fútbol los millones de seguidores que pueden tener el Manchester United, el Real Madrid o el Barcelona. Disfrutaba de la Copa Mundo porque fue futbolista aficionado. El balón con que se jugó el partido inaugural del Mundial de Italia 90 (Argentina-Camerún, que ganaron los africanos 1-0) fue bendecido por él. Y en las canchas insistió, como les pidió en diciembre de 1986 a técnicos, jugadores y familiares del Milan italiano: “dar ejemplo de las virtudes y valores del fútbol y evitar a toda costa la violencia”. Esto por enfrentamientos de esa hinchada contra la del Inter. Citaba e invitaba a leer a su compatriota polaco y también amante del fútbol, el escritor Ryszard Kapuscinski, autor de La guerra del fútbol, basado en el conflicto entre El Salvador y Honduras de 1969 a causa de tres partidos entre las selecciones de ambos países en las eliminatorias previas al Mundial de México-70. (Higuita y el papa).
Claro que ese pedido los futbolistas se lo tomaron demasiado en serio cuando el papa armó su partido soñado. Aprovechó el Año del Jubileo (2000) para organizar en el estadio Olímpico de Roma un juego amistoso entre la selección italiana en pleno, la de Buffon, Maldini, Del Piero, Totti, y el resto del mundo, incluidas figuras como Shevchenko, Cafú y Nedvev. Uno de los testigos de esa jornada fue el entonces embajador de Colombia ante la Santa Sede, Guillermo León Escobar, quien me contó: “Fue un partido con aire mundialista pero sin goles, una especie de entrenamiento de ballet; se hacían pases para perder la pelota, los arqueros recibían el balón de una manera dulcísima; fue un encuentro arreglado para que todo resultara correcto, no hubo leña, se hubiera podido jugar sin árbitros; el papa estaba en las graderías y se fue quedando dormido. Al final, cuando despertó, comentó con ironía, pues esperaba un partido intenso como le gustaban, ‘esto resultó un baile no un juego’”.
Su amor por este deporte lo llevó, el 7 de noviembre de 1982, a cometer un pecadito que le criticaron las directivas del Real Madrid: recibió el carnet de socio honorario del FC Barcelona durante una visita a la capital de Cataluña, donde celebró misa ante un Camp Nou repleto. Josep Lluis Núñez, entonces presidente culé, le entregó el carnet número 108.000. “Gracias… Os animo a seguir dignificando el mundo del deporte”, dijo el papa, que ya en 1999 había exaltado al Barca con motivo de sus 100 años. (La lección mundialista de Nigeria e Islandia).
Otra polémica en la que se metió, en privado, tuvo que ver con el debate ¿Maradona o Pelé? Cuando ya había conocido al dios del fútbol brasileño, el Rey Pelé, le concedió audiencia a la selección de Argentina el 22 de marzo de 1987 para exaltarla por haber obtenido el título mundial en México de la mano de Diego Maradona, el mismo de “la mano de dios” contra Inglaterra. Dos años después lo exaltó de nuevo en persona por hacer un milagro: conducir al ultracatólico club Nápoles hasta convertirse en el mejor de Europa.
Con actitud creyente, el ídolo argentino recibió la bendición de papa, el exarquero ‘Lolek’, pero más tarde se arrepintió. “Entré al Vaticano y vi el techo de oro. Y me dije cómo puede ser tan hijo de puta de vivir con un techo de oro y después ir a los países pobres y besar a los chicos con la panza así. Dejé de creer, porque lo estaba viendo yo”, confesó Diego en el año 2000 desde La Habana, ya como amigo de la comunista revolución cubana. Lo dijo en el programa argentino “Punto Doc/2”, de Azul Televisión. No le respondió Juan Pablo II sino el arzobispado de Buenos Aires: “sus palabras evidencian los efectos terribles que la droga tiene sobre una persona que fue creyente”.
La opinión definitiva del papa sobre Maradona quedó en evidencia durante una cena vaticana con un presidente suramericano, según la memoria del embajador colombiano Escobar, que estaba dentro de los comensales. El Jefe de Estado le preguntó al pontífice por su opinión sobre el astro argentino. Hubo un momento de silencio hasta que Wojtyla, en tono de futbolista polaco, lo miró y le respondió: “¿Me preguntaba usted por Pelé?”.
(Siga el Mundial de Rusia en el especial de El Espectador).