Un amor a prueba de todo

Enrique Aparicio
24 de febrero de 2019 – 12:00 a. m.

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Fulberto, canónigo de la catedral de París y tío de Eloísa, logró que uno o varios de sus sirvientes se colaran donde vivía Abelardo (1079-1142) y a tijeretazo limpio le cortaran las bolas a este gran filósofo. Así  se zanjó la deshonra de la familia de Eloísa, versión Fulberto. El pobre Abelardo las perdió todas, es decir, las bolas y a Eloísa. Esto es histórico, serio y verdadero. 

La mañana de primavera en París estaba muy fresca, era domingo, me desayuné con media baguette recién hecha y un café con poquita leche, lo que los franceses llaman un “café crème”.

Me puse los blue jeans, unas botas para caminar confortablemente además de una camiseta negra y mi alma de reportero.  Tomé el metro que me dejaba cerca al cementerio más importante de esta ciudad, Père-Lachaise, donde uno de los requisitos para que lo entierren aquí es que sea famoso. Si va, se encontrará con nombres de importantes escritores, poetas, políticos y cantantes en las lápidas respectivas –ver YouTube–. 

Comencé a deambular, a mirar aquí y allá.  De pronto, una tumba, como un mausoleo, con los nombres de Abelardo y Eloísa. La curiosidad me picó y corrí a buscar la historia.

No vayan a llorar, pero es terrible. De amor y penas.  Estamos en el año 1099 o algo así cuando Abelardo, un brillante filósofo, llega a París con 20 años. En su biografía se dice que esta mente aguda y discutidora buscó aprender de los mejores filósofos de la época y llegó a fundar su propia escuela. Se enamoró perdidamente de la sobrina de Fulberto, poderoso canónigo de la catedral de París, quien había solicitado sus servicios para la educación  de su bellísima sobrina Eloísa.  El caso es que profesor y alumna se convirtieron en amantes.  Como resultado, la alumna quedó embarazada, pero se rehusó a casarse para evitar dañar la carrera del brillante filósofo y se retiró a un monasterio en el norte de Francia.  Hay la versión de que al saber que estaba embarazada el filósofo la envió a esconderse en la casa de su hermana, en su pueblo natal: Le Pallet, Bretaña, donde tuvo a su hijo al que le pusieron el nombre de Astrolabio, pues según cuenta la leyenda fue concebido el día que Abelardo dio una clase sobre ese instrumento. Es que ponerle a un hijo semejante nombre es como llamarlo Paso Nivel porque mientras el acto pasaba el tren, o Sextante, o Microscopio.  Pero no nos distraigamos.  

La vida que parece de novela sigue.  Por presiones familiares Eloísa terminó tomando los hábitos e ingresó en un convento. Pero antes aceptó casarse con la condición de mantener en secreto el sagrado vínculo.

Abelardo, a raíz de la venganza del tío, no volvió a ver a su amada. Sus contactos con Eloísa fueron epistolares. Después de defensas y acusaciones sobre su filosofía, Abelardo murió en 1142 y Eloísa reclamó su cuerpo.  Ella falleció 22 años después, siendo abadesa de un convento. 

Más de cinco siglos tuvieron que pasar para que en 1817 los restos de ambos amantes fueran depositados en una misma tumba en el cementerio Père-Lachaise.

El resto del paseo lapidario me llevó a toparme con las tumbas de famosos como Oscar Wilde, donde los visitantes se pintan los labios y le chantan un beso a la tumba. En el YouTube, observará fotos de este escenario tomadas por nosotros. El YouTube fue armado por nosotros y la música, escogida por mí.  

YouTube:

https://youtu.be/tDpKktYQ_j4

Que tenga un domingo amable.

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