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Cuando nos llevó el patas

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A ESTE PAÍS SE LO LLEVÓ EL PATAS. Y todo porque en un proceso marcado por la insensatez hemos abandonado casi por completo el culto católico, renunciado a la obediencia debida a las sabias jerarquías eclesiásticas y dedicado a prácticas laicas y paganas.

Para dar un ejemplo de lo que era la vida en las dos primeras décadas del siglo pasado, cuando la madre Iglesia por fortuna regía nuestra educación, voy a citar unos textos del archivo de Antonio José de Irisarri, que me han hecho llegar (aunque incompleto).

 Resulta que el doctor De Irisarri era el Director Departamental de Educación en Bolívar, y en algún momento de inexcusable debilidad osó apartarse un poquito de las enseñanzas e instrucciones del obispo de Cartagena, monseñor Pedro Adán Brioschi. Este benemérito prelado, diligente defensor de la doctrina pontificia, le escribió una carta a De Irisarri, de la cual cito un par de párrafos. Dice: “Tengo su nota del 17 de octubre de 1917, en la que indica usted ya había tomado la posición que hoy sostiene. También recuerdo sus quejas durante nuestra conversación privada y sus planes de no tomar ninguna decisión sin discutirlas conmigo previamente. Desgraciadamente todas sus promesas fueron luego olvidadas… Nunca en mi vida he sido tan desilusionado con persona alguna. Su conducta no es digna de un Católico ni de un caballero…”.

Semejante reconvención se debió a que  a unas monjitas que regentaban un colegio de Mompox  no les habían pagado sus salarios durante seis meses, ante lo cual un párroco local ordenó el cierre del colegio, lo que suscitó una reacción del Director de Educación, quien se atrevió a disentir del párroco, y del obispo, y arguyó que por ley la única autoridad que podría cerrar un colegio era el Estado, representado por él.

Esta osadía llenó la copa de la paciencia del obispo, quien en un arranque de ira santa procedió a excomulgar, no sólo a De Irisarri, sino a otros funcionarios departamentales. En una comunicación pública declara:

“1. Que Enrique J. Arrázola, Luis C. Guizado (mi abuelo, ACG), Domingo V de la Espriella y Antonio J. de Irisarri, Gobernador, Secretario, Tesorero,  Director General de Educación Pública, respectivamente, han violado varios artículos de la Constitución y el Concordato diseñado para venerar a la Iglesia como un elemento esencial del orden social…

2. Que ellos especialmente han violado y están violando las leyes de la educación pública destinadas a proteger la orientación Católica de la educación Colombiana e ‘impedir la enseñanza de ideas en escuelas contrarias al dogma Católico…

Declaramos:

1. Que todos los sacerdotes se abstengan de tener relaciones públicas y privadas con los mencionados servidores públicos; cuando el contacto sea absolutamente necesario y requerido, los sacerdotes deben buscar consejo e instrucción de mi oficina.

2. Que todos los Católicos leales deben cortar toda comunicación innecesaria con los dichos servidores.

3. Que en todas las iglesias en la ciudad las campanas sonarán dos veces diarias como un signo de luto por la desgracia que este departamento ha sufrido por ser gobernado por tales funcionarios moral y religiosamente abandonados, quienes seguramente no son dignos de representar a un gobierno nacional claramente Católico y moral”.

Mi abuelo fue un godo ejemplar: laureanista y devoto rezandero, y no sé cómo hizo para reponerse de semejante baculazo.

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