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La elegancia y la sensualidad son propias de esta variedad tinta originaria de Francia, fuerte en Australia y tomando fuerza en Suramérica.
Una de las variedades tintas más seductoras e interesantes es la Syrah, originaria de la zona norte del Valle del Ródano, al este de Francia. Las vides crecen allí sobre ondulantes colinas, ofreciendo como resultado vinos de gran personalidad, con su característico toque especiado (principalmente pimienta negra), que la hacen inconfundible. De intenso color negro en su piel, la Syrah también se distingue por sus aromas a cuero en su etapa de evolución y, dependiendo del clima donde se le plante, se torna golosa y densa (en las zonas cálidas) o delicada y sutil (en los climas templados y fríos).
Al igual que los vinos elaborados con la cepa Cabernet Sauvignon —la indiscutible reina de Burdeos—, la Syrah tiene la virtud de tolerar el añejamiento en barricas de roble para producir vinos de gran elegancia y sensualidad.
Quizá más que cualquier otra uva en el espectro vitivinícola, la Syrah ha estado rodeada de llamativas leyendas a lo largo de su historia. Se ha llegado a decir, por ejemplo, que el vino que tomaron Jesús y sus discípulos en la Última Cena se elaboró con dicha variedad, supuestamente de gran abundancia en los alrededores de Jerusalén. Sin embargo, no hay sustento documental que avale esta versión.
Tampoco lo hay para respaldar el mito de que la Syrah fue llevada a Francia por Los Cruzados, quienes aparentemente la descubrieron —y se encantaron con ella— en la ciudad de Shiraz, en Persia.
En cambio, estudios científicos sobre la genética de esta uva han establecido que la Syrah es francesa, producto de la polinización de una uva blanca (Mondeuse Blanche) y una tinta (Dureza). Es algo similar a lo que le ocurrió a la muy bordelesa Cabernet Sauvignon, hija, en este caso, de la Cabernet Franc (tinta) y la Sauvignon Blanc (blanca).
Vale recordar que, desde el año 77 de nuestra era, el escritor romano Plinio El Viejo ya se refería, en su obra Naturalis Historia, a los vinos de Allobrogica, es decir, lo que hoy llamamos el Valle del Ródano francés.
En Hermitage, donde se producen los mejores vinos de la variedad, la Syrah se combina con frecuencia con la uva blanca Viognier, para reforzar su potencial aromático. En su orden, las principales denominaciones de origen del Syrah, en Francia, son, aparte de Hermitage, Côte-Rôtie y Cornas. En el extremo sur se la combina con Grenache en célebres denominaciones de Origen como Côtes du Rhôn, Châteauneuf-du-Pape y Gigondas.
Fuera de Francia, su otro gran polo de fortaleza es Australia, donde se la denomina Shiraz. Las dos formas de escritura coexisten en el mercado y hoy en día se elaboran vinos con este cepaje en Chile, Argentina, Nueva Zelanda, Uruguay, Sudáfrica y California.
Además de monovarietal, se le elabora mezclada con Viognier, Grenache y Cabernet Sauvignon. En algunos casos se la ha utilizado, también, para producir vinos rosados.
En Suramérica tenemos una fuerte presencia de Syrah en la provincia de San Juan, en Argentina, y en distintas regiones chilenas, donde ha ido alcanzando fama y estatus. Entre los argentinos deben citarse marcas reconocibles en los mercados de exportación como Callia, Casa Montes, Graffigna, Finca Las Moras y Zumek. Provincias vecinas a San Juan como La Rioja y Catamarca también acogen a esta uva. En la patagónica Río Negro la Syrah ha logrado una creciente notoriedad. En el resto de provincias argentinas la participación es baja, aunque hay ejemplos destacados como el Syrah de Bodega Lagarde.
Chile, por su parte, está dedicando recursos y esfuerzos para hacer de la Syrah una de sus mayores fortalezas. Se da en varios tipos de climas, como el costero de Casablanca y San Antonio, el norteño, de Elqui y Limarí, y el meridional, de Colchagua, en particular la zona de Apalta.
En cuanto a marcas sobresalientes, hay que mencionar destacadas etiquetas como Casa Lapostolle, Cuvée Alexandre, Montes Alpha, Montes Folly, Matetic EQ, Viña Tabalí, Falernia Alta Tierra, Viña Casablanca, El Bosque Estate, Cremaschi Furlotti, Viu Manent Secreto, Estampa Syrah-Cabernet y Viña Emiliana.
En la mesa acompaña bien carnes con sabores marcados, en especial el cordero o la carne de búfalo.
Una buena manera de terminar el año, en familia o con amigos, es comprar unas botellas de distintos orígenes y probarlas en una degustación informal para apreciar lo que el clima y el suelo aportan a una de las cepas de más trascendencia en la vitivinicultura mundial.