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En buena hora el burgomaestre de Cali ordenó que no se persiga a los vendedores ambulantes, incluyendo a los que ofrecen desde arepas, papas fritas, pandebonos y choclos, recién fritos, asados u horneados, hasta piñas, mangas biches, chontaduros y otras delicias que solo se consiguen en los andenes.
Y es que el autoproclamado “alcalde social” de esta ciudad espontánea, gocetas y callejera sostiene que no se les puede quitar la fuente de ingresos a miles de vendedores informales, porque se aumentaría aún más el desempleo, que el año pasado en nuestro país fue del 9,7 %, 1,1 puntos más con relación al 2017.
Por otra parte, privar a Cali de la costumbre de disfrutar de estas comidas y frutas tropicales, que adornan —para no decir que invaden— los espacios públicos, es asestar un duro golpe a unas tradiciones que han pasado de generación en generación y constituyen un atractivo turístico arraigado a nuestra idiosincrasia.
El placer de saborear una rebanada de piña recién cortada de un dulce exquisito no se encuentra en restaurante alguno. E igual sucede con los chontaduros, que pueden saborearse con sal o con miel como medias nueves o entre días, y que ahora han alcanzado lugares postineros como ingrediente principal en los menús más encopetados.
Y ni hablar de los pandebonos y pandeyucas calientes, con ese sabor tan especial que les da el almidón de yuca. O de las mangas biches con sal y limón, que nos recuerdan las épocas de colegio, o los choclos dorados y chorreando mantequilla, que sirven de matahambre o como remate de una noche “toda llena de murmullos y de música de alas”, como dijera el poeta.
Ignoro qué va a suceder con esta desobediencia de la Alcaldía a las disposiciones nacionales del Código de Policía, pero una administración amigable con cualquier modo de ganarse la vida honestamente —y no por las vías de la violencia— no va a permitir jamás que saquen de los andenes a quienes ganan el pan de cada día con el sudor de su frente y sus hornillas.
“Háganle pa’ lante, convivan con la gente, trabajen con honestidad y Cali va a progresar”, repitió Armitage mientras se apuraba un apetitoso chontaduro.