Publicidad

Trámites

Salomón Kalmanovitz
19 de diciembre de 2010 – 10:00 p. m.

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

VOY A LA NOTARÍA PARA QUE ME DEN un certificado llamado de “supervivencia”, requerido para cobrar mi pensión.

El trámite se inventó porque un par de avivatos suplantaron la firma de un muerto y siguieron devengando su pensión hasta que los del Seguro se dieron cuenta  de que el sujeto había cumplido 110 años de edad. Como el trámite es gratuito —según los congresistas, todos los viejitos somos pobres—, las notarías ponen obstáculos, como hacer una doble cola: una para la ficha y otra para alcanzar la ventanilla. Llego agotado al fin frente a la funcionaria y comienzo a agitar los brazos y a bailar para que me den el anhelado certificado. Me toman la huella y después de una hora de espera me lo entregan.

Quiero vender mi carro viejo y el concesionario me dice que necesito el RUNT, un supuesto registro único que garantiza la seguridad de las partes. El concesionario tiene una terminal del RUNT y me ofrece utilizarla. Al llegar me informan que el sistema está caído. Entonces hay que ir a un SIM, que hace trámites de tránsito con supuesta agilidad.

Atravieso penosamente la ciudad que Samuel ha bombardeado y llego al SIM más cercano a mi casa. Hago una larga cola y cuando me llega el turno la señorita me pregunta: “¿Qué trámite va a hacer?”. Yo le digo que estoy vendiendo mi vehículo. Triunfante me dice: “¿Y la factura?”. Pues qué pena, digo culposo, pero no me advirtieron. “Sólo quiero inscribirme por primera vez en el sistema”, agrego, donde quede registrada mi firma y mi huella de presunto delincuente. “Pues así no se puede”, me dice la funcionaria enfática y furiosa.

Derrotado, me voy a llamar al concesionario, quien me hace llegar escaneada la factura. Vuelvo a hacer la cola, me llega el turno y la señorita me dice desconfiada: “Esta factura no es original”. Le digo que no está corriendo ningún riesgo y le muestro además el recibo por el dinero que me han adelantado. Al fin habla casi sensatamente: “Bueno, lo voy dejar por esta vez”. Después de firmar y pasar el dedo índice de las dos manos tres veces por un huellero electrónico, me anuncia que ya quedé debidamente registrado.

Me acordé de que el sistema fue implementado con vicios en la licitación e incumplimiento por el contratista, que se demoró un par de años adicionales a lo acordado. ¿Por qué se destinaron importantes recursos que aportamos sacrificadamente los ciudadanos para que nos impongan un sistema innecesario, con el que además nos martirizan? En fin, se roban la plata y nos torturan. Terminamos siendo servidores de los servidores públicos.

Voy a viajar y en el aeropuerto compro unos pocos dólares en una casa de cambio. La señorita me dice que debo llenar un formulario de la DIAN para hacer constar la operación y me hace firmar; de nuevo, tengo que poner la huella. Estoy seguro de que todos los reportes que hacen los cambistas del país terminan en la basura, lo que es mejor a que los guarden: el bodegaje de tanto papel debe ser costoso. Trato de calcular infructuosamente cuánto de bosque natural se va en la fabricación de los formularios

El gobierno anuncia una nueva ley de simplificación de trámites, ocultando que han aumentado de manera vertiginosa las notarías adjudicadas a los políticos y que su Superintendencia estuvo sub júdice. Es así como el propio sector público ha deteriorado la fe pública que debían garantizar los que autentican las firmas y las huellas digitales de todos, incluyendo las de los viejitos.

Conoce más

Temas recomendados:

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido