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La maldición de viajar

Felipe Zuleta Lleras
18 de diciembre de 2010 – 09:49 p. m.

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POR DIFERENTES RAZONES, HE TEnido que usar el aeropuerto Eldorado en seis oportunidades  en los últimos dos meses. Y, como millones de colombianos y extranjeros, he padecido un calvario sin precedentes.

Las colas son enormes, a pesar del esfuerzo del DAS de mejorar la salida y la entrada. En sólo una noche he tenido que esperar más de una hora, bajo las peores condiciones imaginables y en un calor infernal, con la sensación de estar en un baño de avión, y tratando a las patadas de llegar hasta la caseta de inmigración. Ni hablar de la zona de maletas.

La semana pasada vi a una azafata peleando con una empleada de la empresa OPAIN, la feliz concesionaria. La  muy descarada —taimadamente— alzó los hombros y dijo con cara de no fui: “Otro regaño más, ya estoy acostumbrada”.

Este desastre anunciado se preveía antes de que el gobierno de Uribe le entregara la concesión al consorcio OPAIN, del cual forman parte varios de los amigos del ex presidente. Desde 2007 estos donosos beneficiarios le han venido, literalmente, mamando gallo al Estado. Que los diseños no sirven, que no tumban la terminal, que sí la tumban, que la modifican, que hacen una nueva. Mientras eso pasa somos millones de usuarios los que nos vemos perjudicados con la ineficiencia de los empresarios ventajistas y, qué descaro, nos cobran por eso.

Resulta inexplicable que en una sola semana tengan varios problemas de comunicación con los aviones, lo que hace que todos los vuelos se retrasen, nacionales e internacionales. Si cae un aguacero, que no una tormenta, se inundan las pistas, se dañan los radares, se enloquece todo el mundo. Las aerolíneas empiezan a mamarle a uno gallo y a echarle la culpa al aeropuerto Eldorado. Nadie da explicaciones y mientras tanto uno se tiene que aguantar atrasos de 3 y 4 horas como me tocó a mí el jueves viajando de Cali a Bogotá por Avianca.

Es claro que en el gobierno de Uribe no fueron capaces de tomar decisiones acertadas en lo que tiene que ver con infraestructura. Y las pocas fueron costosas y tardías. Y no pasa nada, nadie responde por el desastre de Eldorado. No vaya y sea que cuando los llamen a responder salgan, como otras ratas, a asilarse para que la justicia no los procese. Así actuaba un gobierno cuya reelección fue fraguada en el primer inodoro de la nación.

A esto súmenle el descaro de las aerolíneas, y me pasó con Copa Airlines, que vende más sillas quitándole a uno su reservación hecha con más de dos meses de anterioridad; no dan explicaciones claras y le hacen sentir a uno que ellos son los que tienen el derecho y el pasajero la obligación. ¡Sinvergüenzas!

Y mientras todos estos abusos ocurren la Aerocivil no hace nada, pasa de agache, no investiga y no hay seguridad aérea. Ya lo decía alguien: “En este país no pasan más tragedias porque las cosas tienen una tendencia muy jodida a no caerse”.

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Notícula: A todos los lectores les deseo una feliz Navidad en unión de los suyos.

 Twitter @fzuletalleras

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