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El estudiante y sus padres habían entutelado la expulsión argumentando una violación a su derecho a la educación. El Juzgado Segundo Penal para Adolescentes con Función de Control de Garantías de Bogotá les dio la razón, por lo que fue necesario que la Sala Quinta de Revisión de la Corte Constitucional modificara la decisión adoptada.
En su estudio, la Corte dice que “el escenario de las redes sociales expone a quienes lo usan a situaciones que en un principio pudieron no ser presupuestadas y que pueden llegar a implicar afectaciones a la dignidad de las personas cuando superan el ámbito de lo privado”.
Más importante aún, concluye que los colegios pueden utilizar sus manuales de convivencia para sancionar vulneraciones a la dignidad y la intimidad de sus estudiantes que se hagan a través de redes sociales, siempre y cuando se cumpla con el debido proceso.
En el caso puntual, el Comité de Convivencia del colegio escuchó al estudiante y después profirió la decisión, por lo que se cumplió con los mecanismos adecuados.
El manejo de las redes sociales es una discusión que puede pasar de agache, pero que afecta directamente el bienestar de los menores colombianos. Es necesario que desde pequeños entiendan que la publicación de fotografías íntimas es una violación de la privacidad, la intimidad y la dignidad de la persona que las envió.
Estamos ante una agresión que además tiene tintes de violencia de género y que se ha normalizado porque no se habla lo suficiente del tema. Son muchas las mujeres, incluyendo a menores de edad, que han sido estigmatizadas, matoneadas y violentadas por haber enviado fotos íntimas. En la sección #AMíTambién de Las Igualadas de El Espectador, por ejemplo, contamos hace poco cómo a una estudiante la extorsionaron y luego violentaron sexualmente amenazándola con publicar una fotografía que ella le había enviado a una pareja. Esto no puede continuar.
La Corte dijo que “es importante un trabajo colaborativo entre las instituciones y los padres de familia para alertar a los estudiantes acerca de los posibles riesgos que implica el uso inadecuado de las tecnologías de la comunicación y la información”. Estamos de acuerdo, pero no puede caerse en la revictimización. Aquí el problema no es de las adolescentes que están explorando su sexualidad, sino de una sociedad que ve con buenos ojos romper la confianza y difundir esos contenidos indiscriminadamente.
Ahora que los colegios tienen las herramientas para sancionar a quienes cometan estas faltas, deben también liderar las discusiones y educar a sus estudiantes en buenas prácticas digitales.
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