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Cuando los dioses quieren castigar a los hombres los vuelven arrogantes y orgullosos.
La palabra Cherbituán es una combinación de Chernóbil e Hidroituango, dos fracasos de centrales de generación eléctrica.
Dietrich Dörner, en el libro The Logic of Failure, describe cómo se produjo la destrucción del núcleo radiactivo en Chernóbil, lanzando una nube de radiación que cubrió buena parte de Europa con mortales efectos. La causa fue un error humano: los ingenieros no aplicaron las normas de seguridad que decían que la planta no podía operar con menos del 20% de su capacidad por el riesgo de presentar oscilaciones e inestabilidades. Pensaron que esas normas no se aplicaban a operadores tan capacitados como ellos, que fueron emitidas para grupos de menor experiencia. Operando al 7%, los controles automáticos extrajeron las barras de amortiguación, la temperatura aumentó, se envió más agua y el resultado fue producir más vapor y más calentamiento en el núcleo. Cuando trataron de volver a introducir las barras de amortiguación, el núcleo se había deformado y no encajaban. El resto es conocido: se derrite el núcleo y colapsa el techo de concreto.
Este accidente nuclear, la emergencia en la central de Three Mile Island y el colapso de la planta de Fukushima trajeron como consecuencia que la sociedad no acepte, con razón, la generación eléctrica con nuevas centrales nucleares. Estas, a pesar de los riesgos, entre ellos la producción de material radiactivo que puede emplearse para producir con baja tecnología bombas atómicas “sucias”, tienen la ventaja de no emitir gases de efecto invernadero.
Los errores en la construcción y operación de Hidroituango van a tener, además de todos los daños ambientales que están produciendo, el efecto de retrasar, ojalá no indefinidamente, la construcción de nuevas centrales hidroeléctricas, un importante potencial que será difícil aprovechar en el futuro. La oposición hará más difíciles y costosos los nuevos desarrollos.
El embalse de Ituango se llena en pocos meses (tres o cuatro). Si la central debía iniciar su operación en diciembre de 2018, ¿por qué se tapa el túnel de descarga casi un año antes, aún sin terminar la presa y sin la posibilidad de operar el vertedero? Se inició el llenado sin retirar el material vegetal; el otro túnel de descarga no tenía la capacidad de resistir el flujo del agua ni el material vegetal no retirado, colapsó, luego el impacto lo destapó durante un período e inundó las poblaciones aguas abajo. A marchas forzadas terminaron la presa y el vertedero, el túnel de escape cerrado en concreto y el segundo colapsado. Afortunadamente, la solución de utilizar la casa de máquinas y el túnel de descarga de ésta permitió salvar la presa, al precio de destruir las turbinas y controles ya instalados. No se sabe si la caverna resistió el embate de las aguas. El procurador manifiesta que no hay información consistente sobre los riesgos y daños por parte de EPM. La ANLA no avala todos los cambios de diseño que se hicieron, ni la decisión de no retirar el material vegetal. Parecería que en EPM piensan que en la ANLA ¡no saben quién soy yo! Es de esperarse que el proyecto pueda recuperarse a un gran costo, es lo mejor para Antioquia y el país. Pero en ningún momento es ser mal ciudadano o enemigo de la pujanza antioqueña indagar sobre esta catástrofe. Los costos los pagaremos entre todos a través de las mayores tarifas que ya se están viendo en la bolsa de energía.