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EL RÍO BOGOTÁ ES UNA ALCANTA-rilla, pues allí van a depositarse los desechos de más de 9 millones de habitantes que viven en su cuenca.
Con la excepción de una limitada planta de tratamiento, todos los residuos orgánicos humanos, los industriales, los de la ganadería y la agricultura llegan al río.
El caudal promedio del río, 20-25 metros cúbicos por segundo, es muy pequeño para poder biodegradar los residuos orgánicos por lo cual deben explorarse diferentes alternativas para recuperar el río. Una de ellas es la construcción de una serie de costosas plantas de tratamiento como la que opera en El Salitre. En el pasado, los humedales cumplían dos objetivos: amortiguar las crecientes y servir como lagunas naturales de oxidación. Actualmente no parece viable la construcción de lagunas artificiales de oxidación, por la oposición de las comunidades aledañas. El embalse del Muña, que se construyó para regulación de las plantas de generación eléctrica, cumple función como laguna de oxidación, pero su tamaño y el volumen de agua que “trata” hacen que en realidad sea un criadero de mosquitos y un gran productor de buchón.
Como respuesta a las inundaciones del río por inusuales precipitaciones, se plantea dragarlo para canalizarlo y a la vez elevar la altura de los jarillones de protección. ¿Por qué no aprovechar la necesidad de controlar las inundaciones con medidas que mejoren la calidad del río? En lugar de canalizarlo, se podría ensanchar su cauce alejando los jarillones y en esta forma multiplicar el área de la superficie acuática. Así, al ampliar el área del espejo de agua, se multiplica la capacidad para biodegradar los residuos orgánicos. En esta forma el cauce del río actuaría como una extensa y dinámica laguna de oxidación. Propuestas como entubar el río o canalizarlo bajo tierra sólo contribuyen a desmejorar las condiciones aguas abajo, acentuando la contaminación en la desembocadura.
El acueducto de Chingaza ha tenido un papel muy positivo en reducir la degradación del río, pues al aportar agua adicional a la cuenca le permite mejorar la capacidad de tratar los residuos orgánicos. Por supuesto el resultado es insuficiente, dada la gran cantidad de población que “tributa” al río. De tiempo en tiempo se agita la idea de traer más agua de la cuenca donde se originan las aguas del Orinoco, Chingaza es uno de ellos. Este proyecto tendría efectos positivos sobre la calidad del agua; adicionalmente permitiría, con obras adicionales, recuperar los acuíferos superficiales de la Sabana que por sobreexplotación crean dificultades en las obras viales y urbanísticas.
Para la generación de energía eléctrica, Bogotá dispone de un maravilloso regalo de la naturaleza, una caída de más de 1.800 metros en pocos kilómetros. No parece existir una situación similar en otra parte del mundo. Un aporte adicional de agua al río permite aumentar sustancialmente la capacidad eléctrica en las centrales del Salto, esta energía adicional puede contribuir a la financiación del macroproyecto.
*Rector Universidad Jorge Tadeo Lozano.