La tercera “Semana”

Daniel Pacheco
05 de febrero de 2019 – 12:30 a. m.

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La primera Semana fue la de Alberto Lleras Camargo. La Semana fundada en 1946, luego de haber sido presidente encargado, y antes de volver a ser presidente de la República en 1958. Más allá de la vena periodística de Lleras Camargo, la revista nació en medio de su época política. De hecho, solo un año después de que la revista empezara a circular, Lleras fue nombrado como primer secretario de la OEA. Aunque en formato de revista semanal, esta Semana parece existir primero como un papel político-periodístico, en ya larga tradición de ese entonces de periodismo partidista colombiano, y se quedó sin aliento antes de que Lleras terminara su segunda presidencia en 1962.

Felipe López, hijo y nieto de presidentes de la República, nació justo un año después de la fundación de la primera Semana, en 1947. López tuvo aspiraciones políticas distintas (y, en retrospectiva, de mayor aliento que las aspiraciones electorales). Al fundar la segunda revista Semana a los 35 años, en 1982, consiguió, dicen que sin costo, que Lleras Camargo le cediera el nombre de Semana. Debió ser un diálogo intergeneracional entre vaca sagrada y delfín liberal que no se ha contado. Como sea, es un testimonio de la cercanía con el mismo poder de la primera y la segunda revista Semana, que arrancó en ese entonces en el taller que dejó la difunta revista Alternativa de Gabriel García Márquez, Enrique Santos y el primo de López, Antonio Caballero.

La segunda Semana, la que cierra su ciclo con la compra del 50 % de las acciones por parte de la familia Gilinski, compra que a su vez cierra el ciclo en Colombia de los medios de casas periodístico-políticas, tiene en la dirección a un delfín renegado del Partido Liberal que ha capoteado esa condición durante estos últimos 37 años. Y la ha capoteado con las tensiones que han hecho a la segunda revista Semana lo que fue hasta la semana pasada, cuando se anunció el negocio.

La tensión fascinante entre la autoatribuida responsabilidad patriótica del hijo del establecimiento de defender “la institucionalidad”—léase, el orden que beneficia constantemente a ese establecimiento— y el ser periodista y escribir la verdad, que consiste constantemente en revelar los abusos de poder del establecimiento. En ese tire y afloje la segunda Semana ha sido uno de los medios más influyentes e importantes en controlar al poder y en mantener el poder en Colombia.

Ahora empieza la tercera revista Semana. La que queda con un 50 % de las acciones en manos de Felipe López y su hija, y un 50 % en manos de los magnates Gilinski.

¿Cómo será la tercera revista Semana? ¿Trae Gabriel Gilinski solo un interés “por lo digital”, como dice María López en El Espectador? Los medios de magnates nos ponen frente a tensiones similares a las que teníamos con medios político-periodísticos. El interés por resguardar el orden sigue ahí, quizá con un énfasis en los intereses económicos de sus dueños aún más presentes. Veremos. Mientras tanto, seguimos dándole vueltas a cómo hacer un mejor obituario de lo que fueron estas grandes casas periodísticas, tan mal contadas desde adentro. Desafortunadamente, no será la tercera revista Semana la que nos revele los secretos íntimos de los 37 años de la revista de Felipe López Caballero.

* En la versión impresa de esta columna se afirmaba que algunos socios minoritarios eran dueños de un porcentaje de las acciones de Semana. Esa información es incorrecta.

@danielpacheco

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