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Hoy, mucho para celebrar y para reclamar

08 de marzo de 2022 – 12:00 a. m.
Mientras las mujeres se toman las calles, la mejor manera de honrar la solemnidad del día es recordar que seguimos con deudas históricas.
Mientras las mujeres se toman las calles, la mejor manera de honrar la solemnidad del día es recordar que seguimos con deudas históricas.

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El problema de las formas sencillas en que se suele estudiar la historia de la humanidad es que necesariamente se ocultan las dinámicas complejas que acompañan los procesos sociales. La celebración hoy del Día de la Mujer, antes Día Internacional de la Mujer Trabajadora, es una muestra de ello. En medio de los mensajes edulcorados que pretenden promover visiones sobre el rol de la mujer en la sociedad, su “importancia” y unas supuestas características “esenciales” que las hacen “distintas”, es útil recordar que la historia de este día ha estado marcada por el conflicto, la violencia, la discriminación, la incomprensible desigualdad y la desinformación.

Todos los avances en reconocimiento de derechos que las mujeres han conseguido llegaron gracias a la lucha de valientes activistas que desafiaron y subvirtieron los roles hegemónicos de género. No ha sido ni es un proceso sin fricción: por cada reivindicación, por cada triunfo, abundan los mensajes de pánico moral, de pérdida de valores, de amenaza a lo conseguido. Lo vimos cuando las mujeres salieron de las casas para estudiar, para trabajar, para votar, para tener más representación política. Curiosamente, aunque sobre el papel se ha conseguido la igualdad, la realidad es que los espacios laborales y políticos siguen siendo vedados para las mujeres, mientras que la responsabilidad por los hogares recae en su mayoría sobre ellas.

Hace poco, en los debates sobre las listas paritarias al Congreso, varios legisladores (hombres, por supuesto) salieron a decir que si no había más mujeres en el poder era por el resultado de una sana y justa competencia. Con eso y con todo damos vueltas sobre lo mismo: la negación de las desigualdades estructurales hace que no se permita el avance individual ni el mejoramiento de las condiciones para todos.

Ocultar esa constante ambivalencia de la historia del Día de la Mujer, esa lucha y la respuesta conservadora, esos prejuicios que solo se desarticulan con la insistencia durante años de los cuestionamientos, es creer que hoy es un simple día para regalar flores y chocolates, y celebrar “lo especiales que son”.

Por ejemplo, Colombia llega al Día de la Mujer en medio de un cambio de paradigma que está generando profundas divisiones y tensiones. La decisión de la Corte Constitucional de permitir el aborto libre hasta la semana 24, y después mediante causales, ha despertado un movimiento conservador y oscurantista. Lo paradójico es que los rostros más reconocibles de quienes se oponen al aborto libre son también de mujeres. Esto habla de la complejidad de los procesos sociales y del problema de creer que “mujer” solo hay una, cuando en realidad hay múltiples feminismos, hay muchas formas en que la desigualdad ha marcado la identidad e incluso estamos viendo movimientos que cuestionan (de manera acertada, nos parece) la utilidad de los binarios que construyen la sociedad.

Entonces hoy, mientras las mujeres se toman las calles del país, la mejor manera de honrar la solemnidad del día es recordar que seguimos con deudas históricas, que la violencia sexual e intrafamiliar victimiza mayoritariamente a las mujeres, que los espacios de poder no suelen tener rostro de mujer y que nos falta mucho avance. También, reconocer que el camino hacia delante no es recto ni mucho menos está asegurado, sino que necesita la fricción y la insistencia, el diálogo y la resignificación, y las conversaciones francas sobre los prejuicios. Hoy hay mucho que celebrar y que reclamar, que no se nos pierda eso en medio del rosa que usa el mercadeo.

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