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Tanques de guerra rodeando el Palacio de Gobierno o soldados extranjeros saltando en paracaídas para acorralar al dictador son imágenes del pasado para describir un golpe de Estado. En la actualidad, los dictadores logran destruir el camino democrático y secuestrar naciones, apropiándose de las instituciones y destruyendo toda posibilidad de equilibro, rompiendo los sistemas de balance y control. Esa es la muy acertada conclusión a la que llegan los profesores en Ciencia Política de la Universidad de Harvard, Steven Levitsky y David Ziblatt, en su más reciente libro, How Democracies Die, o Así mueren las democracias, en español.
Si solo va a leer un libro por estos días, este le ayudará a comprender claramente lo que está pasando en Venezuela e inevitablemente lo llevará a pensar en destacadas figuras de la arena colombiana.
El documento explica cómo los autócratas, inicialmente ajenos a la arena política, apoyados soterradamente por el establecimiento, se apoderan de las instituciones y las usan como armas políticas en contra de sus enemigos. Luego de armarse de las cortes y entes de control, proceden a enfilarse contra los medios y el sector privado para debilitar potenciales contradictores.
El libro destaca que el origen de la destrucción de la democracia arranca en la extrema polarización, que se define básicamente en la no aceptación de un rival legítimo que pueda disentir de los conceptos propios. La clave del sistema democrático está en la tolerancia y autocontrol frente a los detractores.
El escrito procede en describir un proceso, creado por Juan Linz, destacado profesor español de Yale, para identificar a un autócrata en ciernes
1. ¿El candidato rechaza o tiene poco compromiso con las reglas democráticas? ¿Quiere cambiar la Constitución?
2. ¿Niega la legitimidad política de sus oponentes? ¿Los llama subversivos u oponentes al régimen constitucional?
3. ¿Es tolerante? ¿Tiene o ha tenido vínculos con la guerrilla o grupos paramilitares?
4. ¿Tiene deseos de recortar las libertades civiles de sus contradictores? ¿Ataca a los medios?
Según Linz, si su candidato responde positivamente a alguna de estas preguntas, tiene peligrosas tendencias de autócrata y, probablemente, una vez en el poder, pueda llevarse por delante el sistema democrático.
En Colombia tenemos muchos ejemplos vivos de este tipo de comportamiento como para cometer el mismo error propio y ajeno. Esto aplica para derecha e izquierda, para presidenciales y locales. No se vengan a hacer los locos.
Posdata. ¿Gustavo Petro tiene salvoconducto para atacar a la prensa o solo las agresiones que vienen del Centro Democrático merecen ser reprobables? No nos equivoquemos, un ataque a la prensa es un ataque a la prensa, venga de donde venga.